Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 04 de julio de 2022
  • Actualizado 19:40

El patriarcado

El patriarcado

El patriarcado (Kate Millett, Política Sexual, 1969) es un sistema de dominio masculino para mantener subordinadas a las mujeres al subrayar el carácter universal del mismo. Los cuerpos de las mujeres son territorios de dominación del patriarcado;  lo femenino es también subalterno en forma real y simbólica: las mujeres son consideradas naturalmente inferiores al varón. Su cuerpo, la maternidad, los ciclos menstruales que generan cambios en su humor son datos naturales que las apresan. Antes se formuló las teorías de los humores, el tamaño del cerebro o que las mujeres son histéricas porque su útero es el órgano que rige su conducta. Con lo cual, deben ser gobernadas por la razón y la cultura (masculinas). Estas diferencias entre los sexos desvalorizan lo natural y lo emocional.

El patriarcado subordina a las mujeres, resalta su pasividad, su reclusión en el hogar, su maternidad obligada (fortalecida por las políticas públicas) con la complicidad de las religiones.

Las religiones monoteístas son las más jerarquizadas, misóginas, las más violentas, las más intolerantes frente a “las diversidades”, las excluyen en un régimen donde hay una sola verdad, una sola justicia, un solo bien, una sola idea de progreso, con posturas fundamentalistas y extremistas.

Está en el ADN patriarcal, con exclusión de lo privado, lo doméstico y, por fin, en la familia de Occidente, en la cual los varones actúan en cofradía y se protegen de las amenazas al sistema.

Sobre los pueblos andinos, una investigadora distingue tres períodos: el preincaico (los ayllus), el dominio imperial incaico y los primeros años del período colonial. En el período preincaico, la madre heredaba a sus hijas y el padre a sus hijos, un paralelismo que se mantiene en el período incaico  con nuevos ordenamientos; pero en el período colonial se expropian los derechos, en especial de las mujeres, para impedir que tuvieran propiedades, con la imposición religiosa, política y económica.

La conquista y la violenta expansión colonial significaron el encuentro entre dos sociedades patriarcales, una de ellas, la preincaica y la incaica, de menor intensidad, pero la colonia forjó la trinidad entre el patriarcado, el capitalismo y las religiones monoteístas, que han desplegado astucias para cercenar el placer femenino: el sexo obligadamente vinculado a la reproducción de la especie.

Peor la pasan las mujeres sometidas a otros monoteísmos que desembocan en la ablación del clítoris.

Este es un resumen de otro capítulo de la otra historia de Bolivia.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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