Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 12 de agosto de 2020
  • Actualizado 20:10

Por un error creí que las redes sociales son el vehículo de las ideas, no de los odios; pero la reciente crisis, que no cesa y se agrava más, me convenció de su alcance limitado, en especial del FB, bueno para alimentar el ego y el alcance de tu prédica, pero también para no reflexionar y repetir consignas y lugares comunes, cuando no insultos sin sentido.

Me conmovió más el uso de un arma que no me merezco: los emprendimientos de mis hijos y nueras, que les costaron no solo cansancio y desvelos, sino también sacrificios, en especial para pagar los impuestos con que se atosiga a la economía legal. No sé cómo pagarán los alquileres este mes, si cerraron todos los días, pero de ahí a atribuir esos negocios a mi inversión dista demasiado. 

Declaro que yo no tengo arte ni parte ni inversión alguna en los bienes de mis hijos; hace 34 años que decidimos separarnos con su madre, a quien respeto, y desde entonces no me ocupo económicamente de ellos, salvo la educación que apenas pude darles. Aún más: nunca hice partícipes a mis hijos de mis convicciones ideológicas ni alcé un dedo para adoctrinarlos; ellos consideran la política como una y no la más importante de nuestra vida, y se consagran más bien a ganarse el pan de cada día para alimentar a los suyos. Yo tengo mis convicciones y las conservaré hasta mis días; pero jamás me gustaría que mis hijos sigan mis pasos por mi intervención, o que me imiten en mi carrera profesional. Si eso les place, habrán escogido por ellos, y que la vida les sea leve.

Dicho esto, declaro que si me mantengo en el FB es para saber noticias, ahora que los medios suben videos; no contesto correos ni publico notas por su alcance escaso, y sigo creyendo que los conflictos son innecesarios para un Gobierno transitorio, que debería limitarse a convocar a nuevas elecciones y no a causar muertos. Mi pálpito es que el Gobierno interino se está armando para quedarse al menos un par de años. Ojalá me equivoque, pero la ilusión general urbana es la convocatoria a elecciones, y hay gente que espera esta convocatoria con ansiedad, pero esta se demora porque hay que devanarse los sesos para buscar una salida institucional. Pienso que algunos bloqueadores lo hicieron de buena fe, pero detrás de ellos laten las ambiciones personales y transnacionales, que se ciernen sobre nuestra estabilidad económica.

No merecemos esta suerte como país, que hasta hace un mes se situaba como el mejor de AL y hoy pareciera que no pasó nada y que seguimos siendo una sociedad tan inestable y violenta como la peor de las satrapías de África.