Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 20:43

El día después

El día después

Jamás hubiéramos sospechado siquiera que la sociedad boliviana viviera completamente desarticulada, cada uno en su domicilio, las calles desiertas, la falta de dinero en asechanza continua y viendo, los pocos que tenemos Internet, las instrucciones del Gran Hermano sobre cómo deberíamos comportarnos durante la cuarentena. Esto que George Orwell imaginó en 1948 y tituló 1984, hoy se ha convertido en una realidad planetaria. ¡Cómo goza el autoritarismo del Estado frente a una sociedad sometida, desarticulada, aislada y en pos de alguna comunicación por celular con el resto de la humanidad!

Pero ya deberíamos pensar en qué sucederá un día después, cuando se suspenda la cuarentena, cuando todo vuelva a la “normalidad”. De inmediato es previsible una gran fiesta para compensar el encierro en la cueva con dosis enormes de intemperie; pero, ¿luego? ¿Volveremos a ser una sociedad desarticulada a merced del autoritarismo reinante o construiremos una sociedad más democrática?

Es necesario convocar a todas y todos los bolivianos, sin exclusión alguna, a un diálogo nacional en el cual la sociedad, y no el Estado, tengan la voz cantante y decidan qué forma de convivencia queremos para nosotros. Unos piensan que las cosas volverán a la normalidad pronto; otros, que tardará al menos un par de años; pero con una epidemia, ¿no es verdad que estamos destruyendo, ya no interesa la economía mundial, sino nuestra economía?

Abundan las notas de analistas políticos en el mundo para saber qué se nos viene un día después. Está la nota sobre un analista israelí, muy conocido, la de un analista coreano que vive en Alemania y la más completa, de un pensador español, que, entre muchas otras, previene sobre los peligros de una sociedad desarticulada y la necesidad de que reaccionemos frente al autoritarismo estatal, para el cual nada podría ser más conveniente que una sociedad aislada, desarticulada, sumida en la incertidumbre y con la sola conducción del Gran Hermano. La lectura de Orwell es obligatoria para saber que esto ya no es ciencia ficción, ya no distopía, sino que está ocurriendo en nuestras narices.

Mientras más pobre eras en Bolivia, a más organizaciones pertenecías. Pero ¿qué ocurrirá con los partidos, con los ampliados, con las asambleas? ¿No son acaso formas democráticas? ¿Las vamos a recuperar? ¿Qué será de la COB, de las COD, de la Confederación de Fabriles, de la CSUTCB, de las Bartolinas? ¿Y qué será de quienes retornaron al país quizá pensando en soluciones democráticas que no dieron resultado?