Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 13:00

Hay un error político muy serio, que quizá tenga como justificativo que todas y todos los bolivianos aceptamos: confiar en el Tribunal de Justicia de La Haya para dirimir la causa marítima.

Expresidentes, excancilleres, embajadores, nuestro representante en La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé, hombre de integridad moral irreprochable; abogados internacionales y el país en su conjunto nos movilizamos tras de este anhelo. Había cierta seguridad en el fallo de La Haya. Incluso un semanario se adelantó con un titular exitoso para un día después. Pero al final llegó el ch’akirayo: La Haya no reconocía una obligación vinculante para Chile de revisar el caso marítimo. Quizás ese fue el comienzo del fin, porque, a partir de entonces, la oposición pasó a argumentar, marchar por las ciudades y al final rebelarse contra el régimen del MAS.

Es durísimo reconocerlo, pero yo pienso que allí empezó todo. Me aterra recordar los afanes de Coco Manto por grabar y hacer circular un CD que contenía letras suyas sobre la causa marítima, cantadas por prestigiosos folcloristas, que debía ser entregada antes del fallo de La Haya.

La oligarquía chilena tenía un Estado pleno cuando abordó el tema de la guerra del Pacífico, y un aparato de propaganda que, a los chilenos del sur, los movilizó hasta Lima, como si con ello defendieran “su salitre”. Terminada la guerra, la oligarquía chilena entregó el salitre a tres compañías de Occidente, y los trabajadores fueron todos chilenos del sur, algunos excombatientes de la guerra, que se quedaron en la inmensa pampa atacameña y no pudieron salir de allí. Todo quedó en ruinas, incluidas las oficinas salitreras. Así lo atestigua un gran escritor pampino, Hernán Rivera Letelier, cuando dice con toda familiaridad los nombres de Antofagasta, Mejillones y Atacama y no se refiere para nada a Bolivia. La masacre de Santa María de Iquique se debió a trabajadores pampinos que se refugiaron en una escuela de ese puerto, por donde se exportaba el salitre de Atacama. De este modo, la oligarquía chilena y Pinochet falsificaron la historia y dieron una causa al pueblo chileno, que muy pocos se atreven a no justificar.

Pinochet escribió un libro sobre Geopolítica, donde habla del Estado ameba, de límites inciertos y ávido de los recursos naturales que tienen los países vecinos. Lo escribió siguiendo la línea de la oligarquía gobernante, exactamente como ordenó enseñar ña historia de Calama, que en la visión de esa oligarquía fue fundada el 23 de marzo de 1879, cuando en realidad Almagro tomó ese pueblo antiguo como base para su conquista de Chile.

OJO DE VIDRIO

RAMÓN ROCHA M.

Escritor, abogado, “cronista de ciudad”

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