Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 04 de abril de 2020
  • Actualizado 16:33

Lo mismo que Kikillantaq

Lo mismo que Kikillantaq

La últimas elecciones fueron anuladas por que uno de los partidos en carrera política hizo fraude. Aprovechando que era gobierno y que tenía el control del tribunal electoral, cambió los datos a su favor y se burló del voto del pueblo. Como siempre ocurre, la mentira hirió al pueblo, un pueblo que no dudó en protestar y en rechazar el engaño. 

Del macro al micro. Cuando una persona está dolida, cuando fue engañada, cuando se siente burlada, reacciona de mucha maneras, pero siempre pierde la confianza en quien la engañó. Es imposible confiar de nuevo y plenamente en una persona que nos ha fallado, podemos intentar volver a creerle,  y esa persona puede cambiar, pero retomar la relación previa al engaño, es una tarea titánica.

Mas terrible aún, es que la persona que reaccionó herida por el engaño, el fraude y la mentira, termine actuando como su “agresor”. 

Queda tan poca esperanza que ya es normal escuchar que la gente prefiere el amor de sus mascotas que el de las personas. Total la fidelidad de los animales está garantizada, a diferencia de la verdad de los humanos. ¿Será un solo de una pesimista empedernida? 

O ¿es acaso el relato de una persona que odia a la raza humana?, tal vez solo es una persona demasiado realista, desapegada emocionalmente de consignas políticas. 

Tan bajo hemos caído en nuestro país, que los valores no solo están invertidos, sino perdidos. Los valores no tienen un valor monetario, por lo que terminan valiendo nada en la actualidad. Hacerse de dinero fácil parece un acto de pura inteligencia de algún superdotado, acumular fortunas deshonestamente suele confundirse con la “viveza criolla” y para peor de males, hay quienes defienden lo indefendible atribuyéndole valores superficiales a estos “inteligente” humanos. 

Cuantos habrán dejado todas sus esperanzas en los sucesores del fraudulento ex presidente, cuantos habrán creído qué hay “mejores” personas en la ciudad, cuantos habrán esperado la salvación de Bolivia en una transición que de por sí fue muy dolorosa. Esos cuantos que ahora vuelven a ser engañados, decepcionados y burlados, por una transición que ya muestra cuánta “viveza criolla” tiene. Hemos dejado al novio que nos pegaba, para empezar con otro que de entrada ya nos está gritando, cómo se dice ... lo mismo que kikillantaq.