Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 11:51

Situaciones de excepción

Situaciones de excepción

Una de las grandes tendencias del Estado-nación desde su génesis ha sido la producción constante de “situaciones de excepción”, entendidas estas como los escenarios en que se ejecuta la suspensión parcial de las “formalidades” institucionales de la república en virtud de la necesidad de atender una emergencia “mayor”. Esta es la herencia directa recibida por la forma estado-nacional de su inmediato antepasado secular: el Estado absolutista. Los monarcas absolutos consolidaron su mando soberano en virtud de la representación de los intereses de sus gobernados, algo que permitiría dar una forma definitiva a la noción, todavía bastante extendida, de la raison d’etat (razón de Estado).

Todo el sistema político moderno se sostiene sobre el concepto fundamental de una “razón de Estado” asentada sobre la “soberanía nacional”. Esto significa que, del sujeto-nación, surge la posibilidad última del ejercicio de un poder irrestricto, no limitado por ninguna legalidad. El gran problema de este principio es, sin embargo, el tono “unitario” e “indivisible” de la idea de nación. Ello deriva de su constitución primariamente ideológica. Por ello, la élite que, apoyada en una mayoría popular de cualquier índole, reinterpreta ideológicamente a la “nación”, tiene la clave de acceso a un poder por encima de toda limitación, un poder que, en su afirmación, fabrica todo lo que se le opone como “antinacional”, impulsando su eliminación sistemática.

El “bienestar” de la nación es, siempre, la consigna que ha servido para la ejecución de este circuito de consolidación de un poder irrestricto a partir de las situaciones de excepción. Ahora bien, dicho bienestar (por razones que es difícil considerar aquí) tiene en nuestro tiempo el sentido principal del cuidado de la vida biológica. En este sentido, toda otra realidad tiende a ser sacrificable frente al interés de la pura vida de la nación, incluyendo, en última instancia, la vida de elementos “minoritarios” de la misma.

A medida que el confinamiento se alargue todas estas tendencias se irán radicalizando: más irrestricto será el poder, más el sentido puramente biológico que tenga la vida que hay que cuidar y más duro el sacrificio final que el “interés nacional” demande de sus nacionales. 

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