Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 06:07

Los riesgos de la dramatización mediática

Los riesgos de la dramatización mediática
Un estudio del gobierno español sobre la crisis sanitaria ha publicado recientemente sus resultados. Se considera que aproximadamente 5% de los habitantes de España han estado en contacto con el virus y que la tasa de letalidad de este se sitúa en el 1, 15%. Este cálculo fue desarrollado, además, sobre la suposición (realista) de que el número de personas afectadas por el SARS-CoV-2 fue mucho mayor que el efectivamente verificado a través de las pruebas de detección.
Estos datos muestran que la llamada “inmunidad del rebaño” es todavía una posibilidad muy lejana para el país ibérico. Sin embargo, las cifras ponen en evidencia además otro hecho que aquí interesa resaltar: la dramática situación europea (esa que se mostró a través de los medios de comunicación con el colapso de funerarias y unidades de cuidado intensivo) no estuvo ni cerca de ser “grave” en términos de “proporción poblacional”. Apelando a los fríos números se diría que (en uno de los países más golpeados por la pandemia) 50 de cada 1000 personas han estado comprometidas por el virus, habiendo una de ellas muerto por las complicaciones derivadas del mismo. Corresponderá a cada gobierno europeo explicar cómo cifras tan modestas provocaron colapsos de tal magnitud.
¿Esto quiere decir que la situación europea no ha sido “dramática”? Por supuesto que no. La muerte de una (o cien o mil) persona(s) constituye un drama profundo cuando podía haberse evitado a través de una acción colectiva organizada. Pero la des-contextualización inherente a la comunicación de masas hizo que la “escenografía” europea quede incorporada a la retina boliviana como el “reflejo” de una coyuntura en la que lo que estaba en juego era la “supervivencia” como tal. Ello ha permitido, entre otras cosas, el surgimiento en nuestro país de una narrativa dogmática, maniqueísta e inquisidora a través de la cual se enfrenta el virus en los mismos términos en que se encararía una lucha contra la extinción.
Este “evangelio” en defensa de “la vida” se concretiza en dos nociones (que son también sensaciones) particulares. La primera es que “todos” están en igual riesgo de muerte y, la segunda, que siempre hay un culpable por la agravación o la prolongación de la crisis. La primera de estas ideas es ampliamente refutada por la realidad de los datos: para una mayoría de la población, el SARS-CoV-2 supone una amenaza extremadamente pequeña (un poco mayor a las que se enfrentan regularmente en la vida cotidiana). Los mismos datos prueban, sin embargo, que existen colectivos para los que esta pandemia es un riesgo real: los ancianos y las personas con enfermedades de base, pero también los colectivos sujetos a una pobreza acentuada, que, por sus condiciones de vivienda y de acceso a servicios básicos y de salud, se evidencian como más comprometidos con el riesgo de muerte.
Cuando la idea de una amenaza generalizada sobre “la vida”se articula a la de la culpabilidad del “no obediente”, se pierde la capacidad de valorar estas dimensiones reales del problema que se enfrenta. Es entonces cuando se puede ver al “padre de familia” increpando al anciano que rompe la cuarentena (porque se rehúsa a pasar en total encierro o abandono los que son de cualquier forma sus últimos días), al enfermo que sale a tomar aire o al pobre que se busca la vida. En todos estos casos, el acusador está convencido de que su acto es una defensa de ‘la vida’ de sus hijos (cuya posibilidad real de muerte es tan exigua que solo “existe” a través de la dramatización mediática).
Los gobiernos deben alejarse de este “evangelio de la vida” y promover una reactivación socio-económica que concentre sus esfuerzos en la protección de los colectivos más vulnerables de cada país. Solo así la pandemia puede ser una oportunidad para mostrar colectivamente un compromiso responsable con los otros y no una histeria basada en la “instintiva” capacidad de sentir únicamente por “los nuestros”.

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