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  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
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Reflexiones genealógicas sobre la cultura (II)

Reflexiones genealógicas sobre la cultura (II)

¿Cómo podría caracterizarse la idea de la “cultura de masas”?

En 1963, Hannah Arendt pensó esta cuestión en un artículo titulado “La crisis de la cultura: significado político y social”. La forma en que en dicho texto se halla retratada esta noción es inseparable de la lectura diagnóstica desplegada por la autora alemana respecto de la modernidad. Para Arendt, el periodo moderno es un espacio de tiempo marcado por la centralización de un proceso colectivo de reproducción social de la vida biológica, esto es, de aseguramiento de la supervivencia de la especie. Dicho marco, sin embargo, habría adquirido un carácter particularmente “desnudo” con el arribo del capitalismo. Desprovista de significaciones religiosas y apoyada en la reducción progresiva de todas las facetas socio-culturales al movimiento económico, la sociedad moderna habría instalado una rítmica de labor y consumo en la que el proceso mismo de la reproducción vital copa cualquier otro sentido de lo colectivo. 

Esta, que podría llamarse la dialéctica labor-consumo de la modernidad, puede comprenderse mejor en sus repercusiones interpretando el sentido de todas aquellas actividades que han llegado a ser vivenciadas como un “ganarse la vida”, por un lado, o bajo la idea del “descanso”, por otro. Es evidente que esta doble dimensión incorpora, bajo su significado, una importante cantidad de las experiencias individuales y colectivas contemporáneas. La cuestión decisiva para la autora alemana, en todo caso, se halla en que un marco cada vez más amplio de las experiencias significativas de la vida personal y social (entre las cuales la cultura es de las más definitiva) se vean arrastradas a una temporalidad y un sentido centrados en el consumo como momento esencial de los procesos “metabólicos” de la vida.

En el ensayo anteriormente mencionado, Arendt pensará esta cuestión desde un análisis del despliegue de la “cultura de masas” y su clave experiencial: “el entretenimiento”. En este sentido, la pensadora partirá de la premisa de que “la cultura se relaciona con objetos y es un fenómeno del mundo”, mientras “el entretenimiento se relaciona con personas y es un fenómeno de la vida”. En tal clave de lectura, el mundo representa la estabilidad mientras que la vida representa la volatilidad cíclica. Sobre esta base, la “cultura de masas” se concretaría cuando “la sociedad de masas se apodera de los objetos culturales” y su riesgo eminente está en que “el proceso vital de la sociedad (que, insaciable como todos los procesos biológicos, en su ciclo metabólico arrastra todo lo que puede) consuma literalmente los objetos culturales, los fagocite y los destruya”.

En tal sentido, la cultura de masas se caracterizaría por un proceso de metabolización acelerada de los objetos y las formas culturales en virtud del cual el significado profundo de estas cuestiones queda resumido a su capacidad para satisfacer ciertas necesidades pasajeras normalmente signadas por la noción de “entretenimiento”. Así, el aburrimiento constante y el tedio respecto de cualquier valor cultural no serían más que la contracara de un apetito social insaciable por la novedad y el brillo analgésico.

SIN ASIDEROS

OSCAR GRACIA LANDAETA

Filósofo

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