Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de enero de 2022
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¿Para quiénes son los Derechos Humanos?

¿Para quiénes son los Derechos Humanos?

En un famoso pasaje de “Los orígenes del totalitarismo”, Hannah Arendt desarrolla una poderosa reflexión acerca de lo que hoy en día llamaríamos Derechos Humanos. Basada en las traumáticas experiencias de su tiempo (la virulenta primera mitad del siglo XX), la autora alemana se cuestionaba acerca de cuál había sido la validez efectiva, en aquellos tiempos sombríos, de los proclamados “Derechos del Hombre”, aquella consigna que había definido el proyecto de las revoluciones burguesas (tanto en su versión francesa como norteamericana).

En este sentido, entre las ideas de la filósofa judía jugará un papel clave el análisis de aquellos grupos de apátridas aparecidos en el periodo de entreguerras en Europa. Se trataba del caso de los grandes grupos de personas que, por diversas circunstancias que iban desde crisis económicas hasta persecuciones políticas, se hallaban arrojadas fuera de su territorio natal y desprovistas del reconocimiento y la protección de su Estado. Debe recordarse que los procesos de desnacionalización fueron una medida común en aquel momento histórico.

La pregunta concreta levantada por Arendt era: ¿dónde se aplican los Derechos Humanos si precisamente ahí donde un ser humano ha perdido cualquier otra condición civil queda a la par desprovisto de cualquier derecho imaginable? La autora señala aquí una condición que sigue siendo real en nuestro tiempo, a saber, el hecho de que un individuo que queda arrojado del reconocimiento institucional por una decisión estatal, queda, en su pura “humanidad”, virtualmente eliminado de cualquier convivencia humana posible.

Existe una idea que resume la forma de este fenómeno en nuestro tiempo. En relación con los privados de libertad, por ejemplo, se dice que “los Derechos Humanos son para los humanos derechos”. Así, se impone la idea de que existe un filtro de “rectitud” que define si una persona es humana o una especie de sombra dispensable. Esta “mentalidad” popular, por otra parte, es precisamente eso, un modo de funcionamiento del pensamiento que puede extenderse constantemente. Hoy en día se mira también con desprecio a las personas que, sin vacunas, ocupan un lugar en las terapias intensivas del país, pareciera que su falta de “rectitud” las pone fuera de cualquier derecho que fuese inherentemente “humano”.

En este sentido, parecería que múltiples tendencias estructurales de nuestro tiempo impulsan a la “calificación” de lo humano, dejando la idea de un derecho inherente a cada persona como un elemento sujeto a permanente evaluación. Sea como sea, queda claro que ahí donde se invoca un “derecho humano” se está elevando una bandera cuyo mástil carece de cualquier sostén efectivo en la realidad.

SIN ASIDEROS

OSCAR GRACIA LANDAETA

Filósofo

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