Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 11:18

La pasión por la justicia III

La pasión por la justicia III

La forma de entender y “vivir” la búsqueda de justicia desde la radicalidad de la pasión es un dato transversal de la representación política de los diversos sectores bolivianos. El síntoma más claro de ello es la ambigua forma en la que grupos enormes de población pueden festejar con algarabía o condenar con locura acciones gubernamentales que tienen una misma estructura formal.

En este sentido, solo basta preguntarse cuántas de las personas que condenan hoy en día de modo activo en las redes sociales el modo en que los procedimientos regulares de la ley son burlados bajo la consigna de una justicia más alta, no rebosaban de actitudes lúdicas y complacientes frente a la escenografía recurrente que el exministro Murillo montaba a diario en la televisión. Cuando entonces se exhibía a youtubers o empleadas domésticas de exfuncionarios del depuesto gobierno en un paisaje siempre rematado por encapuchados armados (expresando la omnipotencia del nuevo gobierno) parecía haber incluso un placer morboso en gentes que hoy en día tiran el grito al cielo exigiendo la “imparcialidad de la ley”.

Como siempre he tratado de hacer en este conjunto de columnas, no pienso ahora tildar de hipócritas a los ciudadanos descritos o siquiera acusarlos de mala fe. Creo que, en el marco de su experiencia, su comprensión básica les señalaba que la hora de la retribución había llegado, esto es, la retribución frente a los abusos de un gobierno “narcotraficante”, “corrupto”, “ignorante”, etc. Pero en todo caso, queda claro que el ideal de justicia que de ese modo vibrante y emotivo se concebía, era un ideal que ofrecía las más grandes facilidades para la ilegalidad, precisamente porque su “fuerza” lo ponía por encima de todo aburrido procedimiento legal.

La violencia simbólica, se halle está uniformada con el camuflaje o signada por la estética del plomo, siempre confiere una sensación de rapidez, eficiencia e inviolabilidad absolutas y se convierten en el brazo accionario de un ideal de justicia igualmente absoluto. Renunciar a los absolutos y primero y por sobre todo a la idea de un bien absoluto es la indispensable tarea inicial de todos los bolivianos comprometidos con una convivencia más humana.

SIN ASIDEROS

OSCAR GRACIA LANDAETA

Filósofo

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