Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 06:23

La nueva variante del coronavirus ha vuelto a poner en alerta a diversos países del mundo y ha levantado una vez más las dudas acerca de la eficiencia de la vacunación como metodología para frenar el avance de otra ola de la pandemia. Países como España, que habían alcanzado un alto nivel de población vacunada, han vuelto a sentir la presión de la enfermedad sobre su sistema de salud. En este sentido, queda bastante claro que no puede esperarse que las vacunas ofrezcan una solución total a la crisis sanitaria en un tiempo próximo. 

Algunas lecciones deben sacarse sobre esta idea en relación con el fin del presente año y el comienzo de un nuevo ciclo. En primer lugar, la economía no puede volver a sufrir golpes como los ocasionados por las cuarentenas implementadas en diversos momentos pasados por cada gobierno. Dado que la COVID-19 es un fenómeno cuya permanencia parece asegurada por los próximos años, ninguna política sanitaria puede ser tan cortoplacista como para generar efectos nocivos de largo plazo en la subsistencia de la población con el objeto de paliar las repercusiones inmediatas del virus. De tal modo, una nueva “lógica” debe construirse para lidiar con la pandemia en el futuro próximo.

Por otro lado, es claro que la profunda corrupción, la ineficiencia y la falta de claridad que ha caracterizado gran parte de la gestión estatal de la crisis sanitaria impulsa a pensar al margen de la tutela de la administración gubernamental. En todo caso, solo se puede esperar que cada gobierno encuentre las mejores formas de paliar el avance de la pandemia, pero la acción social fundamental debe tratar de desarrollarse al margen de las tuición estatal. 

Esto quiere decir que un cambio fundamental en ciertas condiciones regulares de la vida cotidiana es un requerimiento importante para el año que se avecina para la población en general. La importancia de no invertir el tiempo meramente en consumo (mucho peor si se trata de alimentos, bebidas u otras prácticas que no contribuyen en lo más mínimo al sostenimiento de la salud) y de desarrollar alguna forma de ejercicio físico no puede ser exagerada. Por otra parte, es vital también asegurar que, por la vía de algunos suplementos poco costosos o de alimentos más cabalmente seleccionados, se mantenga en una buena condición el sistema inmunitario y el nivel de vitaminas. 

Estas son algunas medidas básicas que requieren de cierta disciplina, pero no de demasiados recursos para generar una práctica social que permita luchar contra la pandemia sin generar costos que resulten fatales en lo posterior para el sistema económico y que, a la par, pueden permitir establecer un nuevo sentido de autoconciencia que guie la práctica colectiva.

SIN ASIDEROS

OSCAR GRACIA LANDAETA

Filósofo

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