Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
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La apatía fanática

La apatía fanática

Uno de los fenómenos más interesantes de la acción social contemporánea es la convicción casi fanática con la que, a través de las redes sociales, se organizan movimientos ciudadanos que llegan a tener importantes repercusiones políticas. Es evidente, en este sentido, que el desarrollo del internet (y concretamente de la llamada web 2.0) ha arrojado un marco importante de posibilidades que son asumidas, transformadas y desplegadas por actores sociales concretos en busca de reivindicaciones específicas. Sin embargo, es a todas luces evidente que esta no es solamente una historia de “progreso” tecnológico (y mucho menos político) y que las nuevas oportunidades de expresión han impuesto enormes dificultades para las posibilidades de construcción de un verdadero sentido de comunicación. 

Es un dato histórico incuestionable que el desarrollo creciente de los medios de comunicación no responde a ninguna “lógica” centrada en la mejora de las condiciones de comunicación per se. El avance en las posibilidades técnicas de los mass media se da inextricablemente ligado al deseo de explotación de sus posibilidades comerciales. En este sentido, la estructura comunicativa de nuestro presente no responde en primera instancia a concepciones “antropológicas” de las necesidades comunicativas del ser humano, sino a nociones económicas de comercialización. En términos sencillos, si una red social no es una experiencia agradable para el usuario, la red social será incapaz de mantener una afluencia de usuarios y perderá sus posibilidades comerciales.

Pero aquí radica el problema, la comunicación, como proceso complejo, no es nunca un movimiento sencillamente “agradable”. Supone dificultades, mediaciones y, por sobre todo, la necesidad de salir de la certeza de uno mismo para comprometerse con los otros en la tarea de convivir sobre un mundo común. Para todas las posibilidades que han sido abiertas por la política 2.0 y aprovechadas por un conjunto importante de actores anteriormente marginales (mujeres, sectores sociales relegados, grupos religiosos o étnicos minoritarios), existe también una consolidación importante de ciertas lógicas de consumo y de intransigencia que definen el horizonte político contemporáneo.  

Hay una notable apatía en el hecho de que, en el mundo actual, las personas estén cada vez menos dispuestas a comprometerse en relaciones estructurales de convivencia política con sus vecinos, colegas o conciudadanos. Y dicha apatía solo es comparable en su profundidad con el fanatismo con que, sin embargo, estos individuos radicalmente apolíticos en lo cotidiano explotan con gritos de sacrificio en momentos de crisis. Esta es la paradoja fundamental de la ciudadanía urbana contemporánea.  

SIN ASIDEROS

OSCAR GRACIA LANDAETA

Filósofo

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