Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 21 de junio de 2021
  • Actualizado 03:17

Sin usted no hubiese sucedido

Sin usted no hubiese sucedido

Para Vargas Llosa, el hermano Justiniano era un ángel caído en la tierra. Así lo describió recientemente en un artículo publicado en la prensa internacional. Es uno de los piropos más lindos que un maestro de primaria haya recibido de uno de sus estudiantes que hoy es Premio Nobel de Literatura.

Seguramente la abuela de Lucila Godoy también saltó de alegría en el cielo cuando su nieta, aquella niña a la que le hacía leer cada día, a la misma hora, algún Salmo de la Biblia, recibió también la máxima distinción literaria en aquel lejano 1945, cuando Lucila, más conocida como Gabriela Mistral, se enteraba por la radio en una habitación de hotel en Petrópolis, Brasil.

No menos emocionada habrá sido la reacción del profesor Louis Germain, cuando en 1957 recibiera la carta de uno de sus tímidos estudiantes de primaria, en la que aquel niño -ahora adulto e intelectual- le contaba que acababa de recibir el Premio Nobel de Literatura: “cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto.” Albert Camus.

Escuché en alguna conferencia que en nuestras vidas generalmente podemos encontrar cinco momentos, cinco decisiones y cinco personas que nos han marcado definitivamente. Estoy seguro que una de esas personas fue alguno de nuestros maestros.

La tarea docente exige estudio y dedicación. Un docente que no domine su especialidad y que no se encuentre debidamente actualizado, pasará por uno más del montón. Requiere también de orden y organización, sobre todo al momento de planificar al detalle cada tema, cada actividad y cada fecha del calendario lectivo. Un docente desordenado y desorganizado, seguramente deberá llevar enormes cargas de trabajo en tiempos demasiado cortos.

Un verdadero maestro mira toda la realidad en clave pedagógica, es así que cuando está en el mercado o arreglando algún mueble de la casa, se imagina que eso le sirve para enseñar a sus alumnos el contenido de la semana. Siempre que ve una película se pregunta si sería o no adecuada para que la vean sus estudiantes y luego de verla prepara una ficha didáctica por si en algún caso tuviera que usarla en clases.

Reconoce a cada uno y a todos sus estudiantes y les ayuda a autovalorarse. Un verdadero maestro potencia las habilidades de sus niños, se preocupa por cada uno y se alegra con sus logros y triunfos. Es el primero en poner “like” a los post de sus estudiantes y el primero en llamarles la atención cuando publican algo no debido.

Tal vez por eso, algunos maestros quedan registrados en la memoria y el corazón de mucha gente. Particularmente, recuerdo a mis maestras de primaria que me trataron con tanto respeto y confianza, y si de algo sirviera nombrar a alguno de mi formación posterior, puesto que soy solo un escribidor y estoy muy lejos de los personajes mencionados líneas arriba, quisiera mencionar a mis maestros salesianos, al Hno. Marot que me enseñó a hacer teatro; al P. Severino con mis primeras conjugaciones en español y latín; al P. Lino que me dio la oportunidad de escribir cada día la memoria de mis aprendizajes. A todos ellos que me reconocieron sin juzgarme, que me corrigieron y potenciaron, y que me enseñaron que el verdadero camino de la educación no son ni los libros ni las fórmulas, sino el amor, les agradezco y les estoy en deuda.

Sé que todos tenemos un maestro a quien agradecer, una de esas cinco personas que han marcado nuestras vidas, aprovechemos estos días cercanos al 6 de junio para escribirles en pocas líneas el valor de una de sus enseñanzas y lo mucho que les apreciamos.

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