Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 06 de junio de 2020
  • Actualizado 15:55

La pandemia y el valor de las cosas

La pandemia y el valor de las cosas

En marzo, los hospitales italianos habían colapsado por la pandemia y los médicos tuvieron que decidir a quién atender y a quién dejar morir. Esta noticia me paralizó y me llenó de tristeza y temor. Pensé que si el virus se expandía en nuestro país, rápidamente llegaríamos a esos horrorosos extremos. Ayer vi en las noticias que en algún cementerio italiano se había habilitado un sector donde se enterraron a personas que no fueron reclamadas por nadie y que, en su mayoría, eran ancianos.

Espero que al final de este oscuro capítulo de la historia humana tengamos una visión distinta de lo que verdaderamente tiene valor en la vida.

El sistema económico en el que vivimos nos ha hecho pensar que el valor de las cosas reside en su precio. Por esta idea anhelamos comprar el celular más caro, porque pensamos que es mejor. Incluso creemos que algunas personas merecen sueldos que insultan a la mayor parte de los trabajadores del mundo. Pero ¿quién determina el nivel a partir del cual las ganancias no están justificadas?

Existen cosas en la vida que no tienen precio como el criar a los hijos. El valor de la crianza y educación de los hijos es invaluable. De la misma manera, el valor de cuidar de nuestros ancianos, el valor de la vida de los enfermos, de la vida de los pobres y desvalidos. Quizás, después de la pandemia aprendamos que la vida de cualquier ser humano es igualmente valiosa.

En este contexto, el sobreprecio de los respiradores resulta ser un insulto no solo al sistema de salud, sino a todos los ciudadanos bolivianos, a los enfermos y a los que podríamos contraer el virus el día de mañana. El valor de esos respiradores, sin duda va más allá de su precio, sin embargo, el egoísmo indiferente de quienes pretendieron lucrar con esa compra, desprecia la vida de los bolivianos. Este es el significado de fondo de tan vergonzoso acto de corrupción, el burlarse y despreciar la vida de miles de compatriotas a cambio de miserables ganancias pecuniarias.

Durante estos días de confinamiento, en medio del cansancio, el aburrimiento, el estrés y la incertidumbre, démonos un espacio para disfrutar del valor de aquello que no tiene precio. Llamar a un amigo, reír juntos, compartir la vida aunque fuera por esa línea auditiva que es el teléfono. Disfrutar de la salud, de la capacidad de valernos por nosotros mismos, porque nuestro cuerpo funciona bien. Valoremos también el trabajo honesto que muchas personas están realizando a pesar de las complicaciones de la pandemia.

Dos cosas que son valiosas y a veces pasan por descontadas son el cumplir con la palabra y el amor. ¿Cuánto vale la palabra cumplida? No tiene precio. ¿Cuánto vale el amor de una madre que cuida en sus primeros años a su hijo? ¿Cuánto vale el amor de un hijo que cuida a sus padres hasta el ocaso de sus vidas?

Que la pandemia, pues, nos ayude a recalcular el valor de las cosas.