Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 10 de julio de 2020
  • Actualizado 11:45

Mujeres maestras

Mujeres maestras

Existe una presencia importante de la mujer en la formación de las nuevas generaciones. Según datos del INE, el 58.2%  de profesionales de la enseñanza son mujeres. Han sido mujeres nuestras maestras en el nivel inicial y posiblemente, como la gran mayoría de la población, hemos aprendido a leer y a escribir con una maestra a nuestro lado.

La profesionalidad de las maestras no solo está respaldada por su formación en las escuelas superiores de maestros, sino también por su vocación que se demuestra en un trato que raya con la maternidad. Las maestras creen y esperan con paciencia que cada niño despierte las ganas de aprender y comience a crecer físicamente y en conocimientos según su propio ritmo.

Al mismo tiempo, además de otorgar paciencia y fe en cada estudiante, son naturalmente cariñosas y protectoras, lo que no les quita la capacidad de ser firmes y fuertes en los momentos de corregir y de generar hábitos de disciplina.

Sin embargo, nuestra sociedad sigue sufriendo de manera creciente la violencia contra la mujer. ¿Por qué sucede esto, si son las mujeres quienes mayoritariamente educan a las nuevas generaciones? ¿Por qué el círculo de la violencia contra la mujer no puede romperse?

Las maestras reman en contra. La escuela, si bien es un espacio en el que los niños pasan gran cantidad de su tiempo, no es lo suficientemente significativo para luchar contra otros estímulos que generan violencia. Basta pensar en la cantidad de mensajes sexistas que se emiten en los mass media y en las redes sociales, en los que las mujeres son utilizadas como objetos sexuales. 

Sin entrar en las pantallas, también las familias, incluidas las madres, educan a los niños en una mentalidad machista, en la que los roles están tan predefinidos que se ejerce una gran presión sobre las mujeres, presión violenta, violencia simbólica.

Las maestras, a pesar de los intentos de cambiar la realidad de violencia, son también víctimas silenciosas de la misma. Viven en una sociedad que ejerce violencia sobre ellas y que impone una mentalidad machista que es tan naturalizada que se vuelve invisible incluso ante los ojos de estas mujeres.

Por todo esto, aunque es loable la medida de incluir en el currículo la temática de la violencia contra la mujer, también es imprescindible tomar en cuenta esta realidad, reflexionarla y buscar alternativas educativas, en las escuelas superiores de formación de maestros.