Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 08 de julio de 2020
  • Actualizado 18:59

Malentretenidos

Malentretenidos

Me gusta mucho salir de paseo sobre todo por las noches. Lamentablemente, cerca de mi casa no hay un parque que me garantice una caminata segura, reconfortante y reflexiva, así que tengo que hacer un pequeño viaje a un barrio cercano que me otorga esas condiciones. Algunas veces, perdido entre teorías y libros, salgo cuando la noche está avanzada. 

El parque está siempre allí y me acoge en su silencio. A esas horas, como es lógico, hay muy pocas personas caminando por allí. Ninguna mujer. Ninguna con ropa deportiva haciendo footing como  suele pasar a las siete u ocho de la noche. Es lógico porque no es seguro. 

A esas altas horas de la noche solo podemos circular con cierta seguridad personas adultas del sexo masculino.  Digo con cierta seguridad porque no faltan malentretenidos que pretenden asaltarnos y robarnos las pocas monedas que llevamos.

Pero malentretenidos a veces somos todos los hombres que, mellando la dignidad de las mujeres, las desnudamos con nuestra mirada y además añadimos gritos y adjetivos que, en vez de halagarlas, las agreden y violentan. Sí, se trata del acoso callejero, muy extendido en nuestra ciudad.

Esta práctica y otras muchas costumbres machistas, como por ejemplo esa de que los hombres no tenemos que lavar los platos o que en el almuerzo nos deben servir doble porción de lo que fuera o que nuestro mayor aporte en la casa es mantener bien caliente el sillón del living, son el comienzo de una mentalidad por la cual los hombres desvalorizamos la humanidad de las mujeres, y esto se convierte en una de las raíces de la violencia contra la mujer.

En este contexto, me parece fundamental que las escuelas prioricen la prevención de la violencia contra la mujer. Todos los esfuerzos educativos que se puedan realizar para tomar consciencia de la fundamental igualdad de mujeres y hombres deben ser bienvenidos. Sin embargo, estas acciones deben estar correspondidas por las estructuras escolares y las prácticas de maestras y maestros. Las estructuras deberán tender cada vez más a ser democráticas y dialógicas y los maestros deberán, ser menos violentos y más igualitarios.

Y aunque todas las instituciones sociales, partiendo de las familias, estamos llamados a este cambio de mentalidad, somos los varones los que particularmente deberíamos comenzar a reconocer el valor inestimable de la mujer de manera personal y social (...).