Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 21:32

La víspera del gozo

La víspera del gozo

“La víspera del gozo” es el título de una obra de Pedro Salinas, autor español de la famosa Generación del 27. El texto contiene narración, drama y poesía. El tema de fondo es dado por el título y se refiere, en palabras de Julián Marías, al carácter futurizo del ser humano, es decir, a su capacidad de anticipar, vislumbrar o proyectar el futuro.

Todos hemos tenido la experiencia de esperar expectantes y esperanzados, el día del gozo. Recordemos cómo esperábamos el día de Navidad por los regalos con los que nos habíamos ilusionado, o cómo nos despertábamos más temprano aquella jornada en la que algo especial iba a celebrarse. En esas ocasiones habíamos experimentado el gozo por anticipado, nos habíamos ya proyectado en el futuro e incluso sentimos emociones antes de que las cosas sucedan.

Este ejemplo nos hace pensar en que parte de la naturaleza humana es, justamente, su capacidad de proyectar el futuro, de decidir lo que se hará mañana, de ser libre. Y aunque el discurso pareciera eminentemente elucubrador y filosófico, también los últimos estudios de la neurociencia corroboran esta esencial característica humana. El cerebro humano necesita dar sentido a todas las cosas, necesita explicarse todo lo que sucede. Por esto, por ejemplo, completa figuras de las que ha recibido la percepción de una sola parte, si vemos una cola juguetona dar la vuelta por el jardín, de inmediato completamos la figura y nuestro cerebro nos muestra la imagen del perro corriendo alrededor de la casa.

Pues bien, este carácter futurizo del hombre necesita de certidumbres. Se nos hace difícil proyectar el futuro si no sabemos qué puede pasar mañana en el contexto en el que vivimos. La incertidumbre nos puede llevar a la ansiedad puesto que nuestro cerebro no puede dar el sentido a las cosas y la ansiedad, a su vez, al estrés, la depresión y hasta el suicidio. Por supuesto que, del otro lado, la incertidumbre nos puede llevar a ser creativos y a buscar algunas certezas que nos permitan apoyar la ilusión.

En nuestro país, estamos viviendo en un archipiélago de incertidumbres desde las elecciones de octubre pasado (si nos referimos al pasado más reciente). Entre los movimientos de las pititas, la violencia y el proceso de transición democrática, hemos vivido momentos que nos han llevado a picos de ansiedad porque en ellos no podíamos proyectar el futuro.

Cuando la certidumbre de nuevas elecciones estaba a la vuelta de la esquina, la pandemia nos sorprendió impreparados y una nueva ola de incertidumbres volvió a destruir el puzzle del futuro que ya habíamos armado.

La pandemia, no solo puso en vilo la construcción del futuro sino también la vida misma. La falta (o el exceso) de información, el temor al contagio, la falta de medios seguros para afrontar la enfermedad, la posibilidad de perder a algún ser amado y la propia amenaza a nuestra vida, nos han llevado a un escenario absolutamente inesperado.

El miedo que nos ha provocado el posible contagio ha trascendido a otro que no está relacionado con adquirir la COVID-19, sino con la estabilidad económica personal y familiar, con la seguridad laboral, con el futuro económico de nuestro país ante la inminente crisis global y la muy posible devaluación de nuestra moneda.

En este escenario, los políticos, aquellos llamados a generarnos algunas certezas económicas y sociales (sobre todo en el ámbito de la salud), se han enfrascado en una pulseta por el poder que ha frenado las acciones para la mejora de la infraestructura, equipamiento, ítemes y los servicios de salud en general, lo cual alarga más la espera de la llegada del pico de contagios y del pico de ansiedad de quienes aún no se han enfermado.

La convocatoria a elecciones para el mes de septiembre, sin haber tomado en cuenta las sugerencias de las autoridades de salud y las proyecciones de contagios para ese momento, ha provocado una serie de críticas por parte de la ciudadanía. La respuesta política, no es absurda, aunque sí criticable y debatible.

Su argumentación está en la línea de ofrecer certidumbres al país. Ante un gobierno transitorio débil políticamente que no tiene poder parlamentario, que está corroído por la corrupción masista al interior de sus instituciones, que ha perdido autoridad ante la opinión pública, las elecciones pueden traer algo de certidumbre y ponen en las manos de los ciudadanos la conformación de un gobierno fuerte que sea capaz de asumir políticas públicas que tendrá que sostener durante todo el tiempo de su gestión y que permitan al ciudadano volver a la nueva normalidad, con nueva ilusión y con nueva esperanza.

 

DIDASCALIA
NÉSTOR ARIÑEZ R.
Máster en Formación Docente e Innovación Educativa
nestor.ariñ[email protected]