Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 23 de enero de 2020
  • Actualizado 19:16

La filosofía como puente

La filosofía como puente

En estos últimos días hemos sabido de cambios que se están generando en el ámbito educativo gracias a iniciativas del Ministerio de Educación con la participación de maestros y padres de familia.

Uno de los cambios que las autoridades educativas deberían pensar es el lugar de la asignatura de filosofía en la formación de los bachilleres. Hasta ahora esta materia ha sido una especie de blending pot entre sociología, historia y cívica, con una dosis desmedida de “pachamamismo” que rayó en lo folclórico más que en el verdadero pensamiento andino o amazónico.

La verdadera intención de la asignatura, como estaba formulada en el diseño curricular, era que permita el diálogo del estudiante con las culturas y los saberes, de tal manera que le ayude a desarrollar una capacidad crítica frente al mundo en el que vive.

Los verdaderos resultados de la materia de filosofía han desembocado en un enorme aburrimiento de los estudiantes, que ha llevado a ser considerada inútil. No era para menos.

El problema de fondo es que el diálogo no fue con el saber universal (recordemos que la Historia Universal fue quitada de los programas curriculares), peor aún con el saber científico, dado que la enseñanza de las ciencias bajó su nivel en relación con los programas del pasado (valga mencionar la rebaja de horas de física y química, por ejemplo), el diálogo ni siquiera fue con los saberes ancestrales; si lo hubo solamente se trató de un intento de “lavado de cerebro” a través de intenciones políticas ideologizantes.

Lo peor de todo es que no hubo tal diálogo, por cuanto no se presentaron dos o más maneras distintas de ver el mundo, sino solo un discurso que pretendía ser absoluto.

Con todo esto, podemos afirmar que la asignatura de filosofía no contribuyó al desarrollo de la criticidad de los estudiantes, es más, al ser tan distorsionada de su verdadero sentido, también devaluó a la literatura o a las artes, disciplinas muy humanistas que desde su originalidad contribuyen al desarrollo de la criticidad.

Por todo esto, la filosofía debería retomar su puesto central en la formación humanista como un puente de diálogo con las ciencias, las culturas y las artes. De esta manera el bachillerato será verdaderamente humanista y la capacidad crítica y ética será una garantía del buen uso del conocimiento.