Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 09 de diciembre de 2019
  • Actualizado 17:47

Evo, ya es hora

Es hora de que Evo deje el poder. En estas circunstancias parece ser una verdad de perogrullo, pero no está de más recordar algunas razones de esta afirmación.

En las elecciones de diciembre de 2005, una gran parte del electorado se inclinó por el candidato cocalero porque representaba una alternativa a la denominada “política pactada” de las décadas 80 y 90. Este tipo de política se había caracterizado por la discrecionalidad de los gobernantes a la hora de la toma de decisiones y por un alto nivel de corrupción. Por este motivo, Evo al ser elegido presidente de la República ingresaba con una deuda moral, no solo en la manera de hacer política, sino también en su propia manera de gobernarse.

Catorce años después, esta deuda no ha sido cumplida en ninguna de las gestiones, ni siquiera en los primeros años de Gobierno. Durante las gestiones de Morales la corrupción ha campeado por todo el aparato estatal, baste recordar a Santos Ramírez, hombre de confianza del Mandatario, que ahora está en la cárcel; recordar las barcazas chinas, los 33 camiones, el Fondo Indígena y un largo, etc. 

Evo no solo no ha podido con la corrupción del aparato estatal, tampoco ha podido gobernarse a sí mismo, está claro que el escándalo Zapata tiene relación con su falta de madurez y su deshonestidad hacia el pueblo boliviano, pero no podemos comprender (...) cómo es posible que cante, sin atisbos de vergüenza, coplas machistas dirigidas a sus propias ministras.

Si la política de principios de siglo exigía una nueva manera de relacionarse con el pueblo, sobre todo con los sectores indígenas que nos podían enseñar una nueva manera de concebir nuestra relación con la Madre Tierra, no olvidemos que reprimió en Chaparina y que el proyecto de la carretera por el Tipnis fue impuesto y está en curso a pesar de tratarse de un área protegida por ley.

A pesar de que su discurso fue de defensa de la Madre Tierra, su práctica ha sido siempre capitalista y extractivista, pero de un capitalismo tan depredador que fue incapaz de declarar desastre nacional el incendio en la Chiquitanía por intereses de corte absolutamente liberal.

Y si de respetar las leyes se trata, Morales se saltó las que pudo, total después sus abogados tenían que arreglar. Entre sus mayores intransigencias está el hecho de judicializar la política por medio del manejo de los poderes del Estado, así, una de las bases de la democracia moderna fue pisoteada durante estos años. Ni el Poder Judicial, ni el Legislativo, ni el Electoral (¡vaya que lo estamos viviendo en estos días!) fueron independientes de los tentáculos del ejecutivo masista.

Pero lo peor de todo fue el hecho de pretender eternizarse en el poder a través de la convocatoria a un referendo que en sus cálculos debía de haber salido a su favor. El desconocimiento del 21F y su posterior postulación a estas elecciones han significado el error más importante de su gobierno.

Desde arriba parece que la realidad se ve muy distinta, está teñida del placer humano de dominar sobre los demás, desde allí, Morales ha supuesto que el pueblo boliviano es estúpido e ignorante y se ha olvidado que este mismo pueblo ha sido capaz de protagonizar una revolución en 1952, de luchar contra las dictaduras y recobrar la democracia, de despachar a Goni y de construir su propio futuro.

Es hora de que Evo deje el poder. Ojalá que el poder, que aún detenta, no lo vuelva a enceguecer y opte por la vía institucional, por el proceso democrático.