Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 14:04

Violación e impunidad

Violación e impunidad

A través de los medios de comunicación y en las redes sociales se conoció el caso de una niña indígena embera de 12 años, violada por siete efectivos militares que operaban en la zona de resguardo indígena en Colombia. Aunque por las denuncias los militares fueron llevados a prisión, más tarde salió a luz que la Fiscalía habría imputado por el delito de “acceso carnal abusivo”, que en el Código Penal colombiano tiene una pena dos años más baja que el “acceso carnal violento”, por el que debían haber sido imputados, lo que además pone en debate el hecho de que la niña hubiera dado su consentimiento.

El día de ayer, se conoció una nueva denuncia de violación contra una niña indígena de 15 años, también en Colombia y por parte de un grupo de soldados. Existen indicios de que el hecho era de conocimiento de las autoridades militares, que no tomaron medidas correspondientes.

Recién en 2019 se hizo pública una violación grupal de una adolescente de 16 años, ocurrida en 2012, en el balneario argentino de Chubut, por seis jóvenes de familias conocidas e influyentes, que fue denominada como la “Manada de Chubut”. El hecho, inicialmente calificado como "abuso sexual gravemente ultrajante con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas", se convirtió en "abuso sexual simple agravado por la comisión de tres personas" luego de que el fiscal determinara el sobreseimiento de dos de los cinco imputados y solicitara juicio abreviado para los restantes por considerar que se trató de un “accionar doloso de desahogo sexual”, disminuyendo la pena a solo tres años, por lo que ninguno llegará a la cárcel.

No tenemos que viajar muy lejos para ver situaciones similares en nuestro país, el caso de la “Manada de Santa Cruz” sigue ventilándose en estrados judiciales sin lograr sentencia contra los agresores.

Poner en duda la palabra de las mujeres y las niñas, transferir la responsabilidad de la violación a ellas, argumentar que hubo consentimiento, a pesar de que se encontraran en estado de inconsciencia, o estar bajo el ala de familias o a instituciones con poder o dinero, parecen ser el común denominador de estos casos, en que hombres se creen dueños de los cuerpos y vidas de las mujeres y que con la complicidad del sistema judicial se aseguran impunidad. Todavía hay quienes dudan que vivimos en un mundo de hombres.

 

DESDE EL CUARTO PROPIO

MÓNICA NOVILLO G.

Feminista y comunicadora social

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