Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 31 de julio de 2021
  • Actualizado 05:12

Tomando paredes y calles

Tomando paredes y calles

Quienes toman las calles para protestar, suelen hacerlo desde el descontento, para expresar su disconformidad con alguna situación. La calle simboliza el ámbito público, el espacio que, en una sociedad patriarcal, corresponde a los hombres, que había sido negado para las mujeres, para ellas se reserva el espacio privado.

La presencia de las mujeres en las calles, en el ámbito público, cuando reclaman sus derechos resulta incómoda. Por eso no resulta extraño que los grafitis, las pintadas que recuerdan las desigualdades hayan sido fuertemente criticadas. La respuesta de las organizaciones feministas es de mayor indignación, porque nadie se pregunta por las situaciones que motivan la movilización, la necesidad de “hacer público” el malestar. Salir a la calle es, entonces, un esfuerzo por poner en agenda pública múltiples temas de interés, de los que no se quiere hablar, a los que no se les da importancia.

En los últimos días, las colectivas feministas en Tarija han sido objeto de ataques, amenazas, insultos en redes sociales, debido a sus acciones de calle. Se impulsa desde sectores conservadores y con discurso de odio el hostigamiento contra ellas. No se les perdona que hayan usado las paredes para manifestar su indignación ante la inacción del Estado frente a problemas como la violencia, el feminicidio, las violaciones, el acoso sexual callejero, la tolerancia y la impunidad. Se cuestionan las formas de manifestación de las feministas; resulta más fácil perseguir a las feministas y guardar silencio cómplice por el caso del cura “Coco”.

En otros países, las protestas de las organizaciones feministas que han sido parte de marchas y pintadas, también han sido atacadas y, al igual que en Tarija, la cobertura mediática de estos hechos invisibiliza – una vez más- las problemáticas que están detrás de las movilizaciones. Se enfatiza en la forma. Recordemos que las movilizaciones en Chile iniciaron a raíz de las movidas en calle de las estudiantes que denunciaban el acoso sexual en las universidades y en las escuelas. Las mujeres argentinas tomaron las calles para avanzar en su derecho al aborto.

La persecución se ha iniciado y se trata de identificar a las organizaciones feministas como delincuentes y calificar sus expresiones como actos vandálicos. Es fundamental preguntarnos por qué las chicas, las jóvenes y las mujeres están enojadas. Molestan las rebeldías, la transgresión del mandato de que las mujeres permanezcamos en casa, cumpliendo “bien portadas” los roles asignados en la sociedad. Solicitan que expresemos el malestar de “buena manera”, llaman a la sensatez y la cordura. La toma de las calles y las paredes han logrado que hablemos de la acción política en la calle. Yo también grafitié en Tarija.

DESDE EL CUARTO PROPIO

MÓNICA NOVILLO G.

Feminista y comunicadora social

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