Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 12:33

De prejuicios machistas, solteronas y viagra

De prejuicios machistas, solteronas y viagra

Dos hechos ocurridos la pasada semana han captado la atención de los medios de comunicación y de la opinión pública, desatando una serie de reacciones. El primero corresponde a la calificación de “solteronas” por parte del alcalde de Monteagudo, Ronald Aramayo, a un grupo de mujeres que protestaban en un acto político del MAS que se realizaba en esa localidad.

El segundo, es la entrega de pastillas de viagra a diputados como regalo en la celebración del Día del Padre. En ambos casos se trata de situaciones con alta carga de prejuicios fuertemente sexistas que refuerzan comportamientos violentos en contra de las mujeres. El término “solterona” es utilizado de manera despectiva para referirse a las mujeres que rompen el mandato social del matrimonio como destino único para las mujeres; se tilda de “solteronas” a aquellas que han optado por no tener pareja y no conformar familia, en base a la idea de que las mujeres son seres incompletos y que alcanzan la completitud al casarse.

El sentido que el Alcalde quiere dar a la palabra va acompañado de un conjunto de significados negativos prejuiciosos. Adicionalmente, la autoridad completa sus comentarios, con la frase “Nosotros los alcaldes, cabeza blanquita; pero jóvenes, vamos a tener que atender a esas señoras". Se puede leer en su alocución que la “atención” que demanda para esas mujeres es una acción violenta, reforzando la idea de que la violencia es un mecanismo de disciplinamiento para las mujeres que no se comportan como una sociedad machista espera. 

En el caso de la entrega de viagra en Diputados, se ha pretendido negar la acción, señalando que se trataba de un tratamiento contra la COVID-19 (aunque se entregó solamente a los diputados hombres). En este hecho, se ha reforzado el estereotipo de que los hombres adquieren valor en la medida en que pueden demostrar su vigor y potencia sexual, que refuerza la necesidad de probar reiteradamente el ejercicio de la sexualidad como factor de la masculinidad hegemónica, y que tiene relación con el ejercicio de la violencia sexual. Si se trataba de una broma, esta fue de mal gusto; peor aún si se hubieran utilizado los recursos públicos del Estado.

Lejos de arrancar risas y aplausos, preocupa cómo estos estereotipos que están asentados en el contexto y la cultura política reproducen los valores machistas que son necesarios transformar para avanzar en la construcción de una sociedad más igualitaria y libre de violencia; más aún cuando se trata de autoridades que deben desde el Estado asegurar el ejercicio del derecho a vivir libres de violencia y toda forma de discriminación.

DESDE EL CUARTO PROPIO

MÓNICA NOVILLO G.

Feminista y comunicadora social

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