Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 27 de febrero de 2021
  • Actualizado 06:15

Gestantes abandonadas

Gestantes abandonadas

Puedo apenas imaginar la disyuntiva en la que se encuentran las personas que por diferentes motivos deben acudir a un centro médico en tiempo de COVID-19, ya sea para actualizar una receta médica, recibir un medicamento o en el caso de las mujeres embarazadas, realizarse un control durante la gestación.

Durante la pandemia rígida, se produjo una reducción de la demanda de servicios de ginecología y obstetricia, debido a las restricciones de movilización, al temor al contagio, se advertía que el personal de salud no contaba con insumos de bioseguridad mínimos para garantizar su protección y de las pacientes ante un potencial contagio. La irregularidad en la atención de los servicios de salud, las extensas colas para ser atendidos y la larga espera en los centros de atención se suman a la reducción de los recursos humanos de los centros de salud que atendían estos servicios, y a quienes se les asignaron nuevas tareas vinculadas con la atención de casos de coronavirus, y más tarde las bajas y contagios entre el personal sanitario.

Algunas organizaciones alertaron, desde el inicio de la cuarentena, sobre la necesidad de asegurar el funcionamiento de los servicios de salud reproductiva, particularmente la atención de ginecología y obstetricia; sin embargo, estos no fueron priorizados en las acciones gubernamentales. En el período de pandemia, los casos de partos extrahospitalarios se habrían multiplicado por diez, aumentando el riesgo de muerte de las mujeres y los recién nacidos, en un país que tiene elevados índices de morbi - mortalidad materna, entre los más altos de la región.

Una muestra del abandono en el que han sido dejadas las mujeres gestantes es que los partos en ambulancias, en taxis, en las calles y en los domicilios ya no son una anécdota, sino parte de la cotidianidad. Muchas mujeres han pasado más de la mitad de la gestación sin controles regulares, ni ecografías y aguantando infecciones que ponen en tanto o más riesgo que el contagio, su vida, su salud y la del feto. No hay duda que ante la emergencia se ha dado prioridad a la pandemia; pero es necesario recordar que hay servicios que deben ser considerados esenciales y que, por ser derechos fundamentales, el Estado debe garantizar.

DESDE EL CUARTO PROPIO

MÓNICA NOVILLO G.

Feminista y comunicadora social

[email protected]