Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 27 de febrero de 2021
  • Actualizado 06:14

Las restricciones de circular durante la crisis sanitaria del COVID-19, ha sido una de las medidas que han adoptado los Estados de la región para frenar el vertiginoso avance de la enfermedad que ha cobrado cientos de miles de víctimas letales en el mundo.

En Bolivia, se definió que las personas salen a proveerse de alimentos un día a la semana de acuerdo a los últimos números del carnet de identidad. En Perú, se determinó para el abastecimiento, unos días saldrían los hombres y otros las mujeres, produciéndose una serie de reacciones entre ellas bromas sexistas que circulaban en relación a que los hombres salían a hacer compras y al día siguiente las mujeres iban a cambiar todo lo que ellos habían comprado mal.

Más allá de los chistecitos, la medida peruana evidenció una serie de situaciones de discriminación contra las personas de diversidades sexuales, particularmente de mujeres y hombres trans, que fueron detenidos por circular en el día que las autoridades policiales y militares consideraban incorrecto. Las burlas maliciosas, el uso excesivo de la violencia reveló una de las caras de la “homo-les-trans-bifobia”.

¿Qué significa este término? Aunque existen personas que niegan su existencia, hace referencia al miedo, odio, rechazo o incomodidad que algunas personas sienten frente a las personas de las diversidades sexuales y de género y que permiten manifestaciones violentas, discriminación o negación de derechos. En nuestro país, se les niega la posibilidad de conformar familias y se han suspendido parte de sus derechos civiles y políticos.

La persistencia de estos prejuicios y discriminación ha provocado que la población TLGBQI (transgénero y transexuales, lesbianas, gays, bisexuales, queer e intersex) sean [email protected], obligándoles a ocultarse y negar sus identidades y orientaciones para evitar la discriminación en el ámbito del trabajo y el entorno social, para evitar agresiones verbales y violencia física.

Han pasado apenas 30 años desde que la Organización Mundial de la Salud retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales y reconoció que se trata de una variación natural de la sexualidad humana, rechazando de esta manera cualquier forma de terapia de cambio de la orientación sexual.

La Constitución Política del Estado prohíbe cualquier forma de discriminación sobre la base del “(…) sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género (…) u otras que tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos de toda persona”.  El Estado debe garantizar el ejercicio pleno de los derechos de las personas TLGBQI y evitar la discriminación por ser y amar de manera diversa.