Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
  • Actualizado 18:28

Cámara de senadoras

Cámara de senadoras

La elección del 18 de octubre de 2020 se recordará, sin duda, por los sorprendentes resultados alcanzados. No me refiero solo a los resultados logrados en la votación por el Movimiento Al Socialismo, sino a los resultados en la composición de la Cámara Alta, en términos paritarios. Los reportes de la campaña #Protagonistas: Paridad-Poder-Juventudes dan cuenta de que 56%, es decir 20 de los 36 escaños para el Senado, corresponden a mujeres, 11% más respecto a los comicios nacionales de 2014, cuando se entregó credenciales de senadoras a 16 mujeres (44%). Los departamentos de La Paz y Beni son los que tienen más mujeres que hombres (tres de cuatro) en el Senado, mientras que el resto de los departamentos tiene una representación paritaria (dos mujeres y dos hombres). Este dato permitiría consolidar los avances respecto a la presencia de las mujeres en la Cámara de Senadores, que históricamente había sido más resistente a traducir la normativa favorable a la paridad en la realidad, conservando su preeminencia masculina. Entre 1982 y 2002, el promedio de participación de mujeres en el Senado no superaba el 4%. En 2002 el número de senadoras subió a 4, que corresponde a 15% de los 27 escaños del Senado en ese tiempo. La promulgación de la Constitución Política del Estado en 2009, permitió la inclusión de los principios de equivalencia y paridad en la normativa electoral, que aseguró la presencia de mujeres en 44% de las senadurías, porcentaje que se repitió en la elección de 2014 y que este año se ha superado con un nuevo récord histórico. Los avances en paridad han sido progresivos y constantes, y son resultado de un complejo entramado de normas que formalmente aseguran mayor presencia de mujeres en las listas y las ubican en puestos espectables. Responden también a la vigilancia permanente de las organizaciones de mujeres en todo el país para evitar cualquier intento de eludir el cumplimiento de la norma, exigiendo a las organizaciones políticas y al Tribunal Supremo Electoral el cumplimiento de la paridad.  Aunque formalmente, el nombre del Senado es Cámara de Senadores, podemos empezar a referirnos a ese espacio como Cámara de Senadoras, dada su composición mayoritariamente femenina. Las senadoras enfrentarán en el actual contexto una serie de desafíos para recomponer la institucionalidad democrática y devolver a la Asamblea Legislativa Plurinacional su carácter deliberativo. Adicionalmente, incluir en el debate parlamentario los temas de la Agenda Política desde las Mujeres, para avanzar en la transformación de las relaciones de poder que generan desigualdades, exclusión y violencia hacia las mujeres.

 

DESDE EL CUARTO PROPIO

MÓNICA NOVILLO G.

Feminista y comunicadora social

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