Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 10 de diciembre de 2019
  • Actualizado 01:25

Prueba y bautismo de fuego

Prueba y bautismo de fuego

La juventud fue protagonista principal del inédito movimiento ciudadano  que, paralizando Bolivia más de tres semanas, logró la adhesión de la Policía y las Fuerzas Armadas, que provocaron finalmente la renuncia de Evo Morales, el día que de madrugada la OEA confirmó el gigante pucherazo, cuando faltaban 73 días para cumplir 14 años de presidencia, que contra viento y marea quería prolongar indefinidamente, sin importarle la Constitución Política del Estado.

El largo ejercicio, uso y abuso del poder corrompe extremadamente, notándose en el comportamiento irracional del expresidente y exministros, observados antes, durante y después de la crisis, sin importarles ni sus propios seguidores y mucho menos el resto de los bolivianos, ni el país que manejaron discrecionalmente en tiempos de bonanza.

Ni los dictadores más nefastos de nuestra historia dejaron semejante estela de corrupción, pánico, división, zozobra y mentira cínica desproporcionada, creando y creyendo su propia historia de sujetos insustituibles y supuestas víctimas de otra ideología.

Para ellos su verdad es irrebatible e ignoran groseramente sus múltiples errores y delitos, como desconocer el resultado del 21 de febrero que convocaron y gastaron millones, pensando que podían imponer la presidencia ilimitada, de su casi emperador, que solo jugaba fútbol e inauguraba las obras de gobernadores y alcaldes.

Ante el asombro mundial y complicidad interna, aprovechando la sumisión de otros órganos, autoritariamente como siempre, habilitó su candidatura inconstitucional, como supuesto derecho humano. Todo eso y mucho más soportaron pacientemente los ciudadanos, hasta que el ídolo de barro quedó impotente para seguir cometiendo tropelías y violaciones, pero aún después de renunciar, sigue alentando la destrucción y la muerte, sin importarle nada ni nadie. El taimado no tiene límites y como no leyó historia, no sabe que hasta Napoleón Bonaparte  -perdón la analogía- tuvo su Waterloo, pese a su inmenso poder.

Los jóvenes crecieron en el conflicto, son los héroes anónimos y el resto nos autoconvocamos para respaldarlos en la emergencia. Nunca seremos los mismos, dejamos la apatía y nos acercamos a la zona, barrio, ciudad, departamento y Bolivia, con dignidad, esperanza y orgullo.