Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 24 de junio de 2022
  • Actualizado 22:14

Poco a derecho, mucho al revés

Poco a derecho, mucho al revés

Marchas, bloqueos, huelgas, cohetería, gritos, agresiones verbales y físicas, forman parte de nuestra bizarra “cultura de la paz y el dialogo”, promovida y exacerbada por un expresidente, que después de haber pretendido alargar fraudulentamente -mucho más- su mandato, convertido hoy en un individuo tóxico, para allegados y adversarios.

El que alguna vez quisieron compararlo con Mandela e inclusive postularon al Premio Nobel de la Paz, fue un presidente que con altibajos, truncó la esperanza de gran parte de Bolivia, desaprovechando la bonanza de la época. Sin embargo, llegó al poder con todo lo opuesto a construcción, inclusión, educación, meritocracia, talento y esfuerzo.

Somos últimos en el fútbol, pero también en cosas más importantes, pese a la propaganda que pretende hacernos creer que estamos mejor que nunca.

Casi nada se hace legalmente o apelando al diálogo, casi todo es al revés, siempre con la presión y la fuerza de las multitudes o grupos llamados eufemísticamente movimientos sociales.

En el deporte están las barras bravas, que también se acercan a las actitudes delincuenciales con el pretexto de su fanatismo, por determinado equipo de fútbol.

K’ara K’ara es el mayor ejemplo de lo que no se debería hacer, porque con cualquier motivo se bloquea, impidiendo el ingreso de carros basureros y condenando al olor de toneladas de basura, cometiendo un grave delito que a nadie se le ocurre sancionar.

Wilstermann, sumido en la peor crisis de su rica historia, tendrá nuevo presidente por la presión de unos cuatrocientos socios, de los miles de seguidores que tiene a lo largo y ancho del país. Tiene el beneficio de la duda, por lo que promete y lo que realmente cumplirá, de manera urgente.

El poder de la multitud o la fuerza de grupos dispuestos a conseguir lo que les interesa, así no tengan razón, se hizo costumbre, ante la pasividad o simple protesta de ciudadanos ocupados en su formación o en la sobrevivencia honesta y estoica, sin mezclarse en política.

Los medios de comunicación muestran lo peor, relegan o ignoran lo mejor. 

Aún en los peores momentos, no debemos ni podemos perder el optimismo, especialmente porque las familias tienen que preservar la educación de los hijos, para tener esperanza de un mejor futuro.

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO 

Periodista deportivo

[email protected]

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