Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 26 de febrero de 2020
  • Actualizado 18:50

El ocaso del Comité Cívico de Cochabamba

El ocaso del Comité Cívico de Cochabamba

Lejano el tiempo en que el Comité Cívico ostentaba la autoridad moral de Cochabamba, en memorables luchas por el desarrollo del departamento, con valentía y unidad, al margen de intereses corporativos o personales.

Los líderes cívicos eran ciudadanos notables idóneos, deseosos de servir a la comunidad voluntariamente, porque no se percibe retribución económica alguna, aparte de la satisfacción, orgullo y prestigio personal.

Las instituciones cívicas surgieron para llenar el vacío de intermediación, entre la ciudadanía y los gobiernos, especialmente de facto, pero se fueron desvirtuando y devaluando, hasta su ocaso en el régimen de casi 14 años, que hizo una práctica nociva de la desinstitucionalización, fomentando el paralelismo y división, ante la indiferencia o impotencia casi generalizada del pueblo.

Las personas hacen a los cargos y no los cargos a las personas; por eso Cochabamba reconoce a los presidentes cívicos y colaboradores que levantaron en alto el civismo, con una dedicación absoluta en épocas doradas del CCC.

El Comité Cívico del siglo XXI no tiene nada que ver con otros tiempos emblemáticos, la mayoría ya no nos sentimos representados por él, porque en los últimos años perdió seriedad y representatividad. Personajes sin escrúpulos -ni la altura de anteriores líderes- hicieron uso y abuso de su nombre y hasta hablaron a nombre de Cochabamba.

Si los servidores públicos o funcionarios rentados cumplieran sus deberes, ni siquiera fuera necesario el Comité Cívico.

Tenemos los parlamentarios, ahora asambleístas, a nivel nacional y departamental, que tienen entre sus múltiples atribuciones controlar y fiscalizar el funcionamiento y desempeño de instituciones, autoridades y funcionarios. Los senadores y diputados son elegidos por los ciudadanos que les delega su representación, que no es solo para que levanten la mano en votaciones ordenadas por el poder Ejecutivo.

Los concejales también deberían cumplir el mandato del elector, en lugar de servir al alcalde que los llevó en su lista, así se evitaría la corrupción, de la que voluntaria o involuntariamente, aparecen como cómplices.

Pena que no se conozca ni a la mitad de los que tienen un cargo representativo, por el que reciben alta retribución económica.