Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 19:08

Misterio insondable de la vida y la muerte

Misterio insondable de la vida y la muerte

Con mi hermano del alma, el humanista y médico Gonzalo Montero Lara, llevamos medio siglo conversando de todo y de nada, aunque no siempre estemos de acuerdo, preservando el respeto y afecto insobornables.

Nuestra reciente pregunta fue ¿seríamos mejores, si naciéramos con fecha de expiración?, como los productos que se ofertan en mercados.

En los hechos, los espermatozoides sobrevivientes somos ganadores y privilegiados con la vida, no importando si somos fruto o consecuencia, del amor o del error, otros de la violencia o la ignorancia.

Más allá de la fe inquebrantable, comenzamos a escudriñar y cuestionar lo que antes aceptábamos lisa y llanamente.

¿Dios define la vida y la muerte?, ¿sobre qué parámetros? , ¿tendrá preferencias? , ¿amará y odiará? , ¿cómo se definirá el destino?.

Es reconfortante creer en un ser superior, un Dios omnipotente. Hasta parece más cómodo atribuirle todo lo malo y lo bueno, que ocurre en la vida y la muerte.

Me niego a creer que Dios permita o decida las guerras, las enfermedades, las desigualdades, la injusticia.

Insisto en que somos los humanos, usando y abusando de nuestro libre albedrío, los causantes de todo lo bueno y lo malo, que se disfruta y sufre a lo largo de los tiempos.

Cada uno, con experiencias y circunstancias a cuestas, tenemos una personalidad exclusiva con la que construimos o destruimos lo que nos corresponda.

Entonces, ponernos una fecha de expiración o caducidad para ser mejores o peores no es una solución, porque siempre seremos lo que queremos ser, no importa el tiempo de vida que tengamos. Además, nadie estaría de acuerdo con la fecha que le toca.

Pero, ese libre albedrío se puede encaminar por el sendero de la lectura, el conocimiento, la información, la empatía, la solidaridad. Vivir como si fuéramos a morir mañana, en paz, humildad y generosidad.

Cada día muere alguien conocido. Partió imprevistamente Justo Sejas Ayala, futbolista destacado, compañero, amigo, padre, hermano, joven aún, pero, sobre todo, un hombre de bien, que pregonaba ¡viva el amor!  y lo practicaba en todas sus facetas. Una tristeza.

Sigamos respetando el misterio de la vida y la muerte, pero ojalá seamos agradecidos con la vida y conscientes todo momento de nuestra propia mortalidad.

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO 

Periodista deportivo

[email protected]

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