Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 03 de abril de 2020
  • Actualizado 19:37

Juego de caballeros

La miniserie de Netflix en 6 episodios “Juego de caballeros”, creada por el afamado Julian Alexander Fellows, trata de los orígenes del fútbol moderno en el Reino Unido, casi a finales del siglo XIX.

La historia enfocada en 1885 tiene como protagonistas a Fergus Suter y Jimmy Lowe, considerados los primeros futbolistas profesionales y del otro lado a Arthur Kinnaird, futbolista, pero de la élite inglesa, que después fue presidente, por muchos años, de la primera Asociación de este deporte.

En los albores era considerado un juego, practicado, principalmente, por jóvenes de la clase acomodada, como una sana distracción que antecedía a otras. Sin embargo, rápidamente empezó a ser jugado por trabajadores en los momentos de descanso, provocando de inmediato la pasión entre futbolistas y espectadores.

Pronto los pequeños empresarios comenzaron a incentivar la competencia y es así que para enfrentar a la clase alta, discretamente contrataron a talentos provenientes especialmente de Escocia.

Lo que comenzó como un juego de caballeros, rápidamente se convirtió en un deporte de masas, casi una religión, para más de una mitad del planeta.

El fútbol aglutina, conmueve, apasiona, iguala, enternece, pero también despierta emociones antagónicas, que felizmente no llegan a opacar su esencia.

En los inicios del fútbol profesional, unos jugaban por distracción, pero otros por mejorar su deplorable situación económica, aprovechando su talento.

La evolución del fútbol y el deporte en general, hizo que cambiemos nuestra manera de entender que los talentosos merecen un estímulo o pago económico.

Solo como ejemplo, pensar que otra hubiera sido la vida de grandes deportistas de talla internacional, como Jhonny Pérez en el atletismo, Edgar Cueto en ciclismo o Ricardo Meruvia en el boxeo y muchos como ellos que solo recibieron medallas, trofeos y diplomas. No es suficiente el aplauso o el recuerdo por sus hazañas deportivas, que nos dieron inolvidables satisfacciones.

Definitivamente, el talento debe ser recompensado, como en cualquier actividad, porque los pintores, músicos, actores, deportistas, por su sacrificio, tiempo y disciplina que dedican a su práctica, buscando su constante superación, merecen un pago, como todo profesional en su campo.