Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de septiembre de 2020
  • Actualizado 02:21

La guerra civil del ministro

La guerra civil del ministro

Intimidado o excedido, por la elocuencia e intensidad de su entrevistador, el ministro puede no haber meditado o medido su declaración, sobre la posibilidad de una guerra civil en Bolivia, abriendo seria sospecha sobre su conocimiento o entendimiento de la calamidad en ciernes.

La historia mundial registra varias guerras civiles, unas más o menos importantes que las otras, pero todas con enorme pérdida de vidas, causadas por personas de un mismo lugar, que defendían intransigentemente sus propios intereses.

Me niego a creer que los bolivianos estemos a punto de enfrentarnos entre nosotros, simplemente porque un gobierno jaqueado y desacreditado, por sus propias acciones, no es capaz de imponer la Constitución Política del Estado.

Nueve meses de un gobierno temporal improvisado, pusieron en alto riesgo el resultado conseguido laboriosamente por ciudadanos que no viven de la política, pero que tuvieron el coraje de presionar sacrificadamente, aunque de manera pacífica, para que Evo reconozca el fraude reiterado y renuncie.

La mala y perversa idea política de un minúsculo partido, que se encontró  accidentalmente con el poder transitorio, que cedió a la tentación de postular su candidata, desató la reacción de quienes deberían estar sometidos a las leyes como todos.

Malgastaron las buenas condiciones creadas en los primeros días, confundieron sus roles y obligaciones, traicionaron la confianza y, sobre todo, la esperanza puesta en la mujer que prometió algo que se empeña en no cumplir, con retórica vacía.
Ni siquiera son todos los militantes o simpatizantes masistas, los que participan o promueven  los hechos criminales contra la humanidad, todo apunta a que el terrorismo es financiado por el poder omnipresente del narcotráfico.

Hablar de guerra civil es un exabrupto inaceptable, porque no existen elementos para pensar en tal extremo, en lugar de reconocer el incumplimiento de deberes que la ciudadanía percibe en la inacción gubernamental.

Se observa el agotamiento del ministro, que probablemente tiene buena fe, pero que hace desconfiar de su percepción sobre la dimensión de sus actos, en tiempo y espacio, poniendo en peligro a los bolivianos. La Policía y Fuerzas Armadas tienen la palabra, para que vuelva la sensatez.

MIS CIRCUNSTANCIAS
MOISÉS REVOLLO
Periodista deportivo
[email protected]