Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 27 de noviembre de 2022
  • Actualizado 17:06

Del fuego a las brasas

Del fuego a las brasas

Para muchos, pena, preocupación, impotencia, desesperación, esperanza; otros indiferencia; pocos, malsana alegría, son las variadas emociones que inspira Wilstermann, cuyo rumbo al precipicio, parece inminente, de no mediar un milagro, improbable. 

Como se escucha en el relato futbolístico, los novatos dirigentes, solo ganan tiempo, perdiéndolo, empeñados en esta aventura, donde en tiempo récord, lograron descrédito, por la sarta de dislates cometidos.

Desconocedores del medio, ingenuos, de buena o mala fe, cayeron en garras de un personaje de mala reputación, que aprovechando la situación, funge como representante legal del club, arrastrando por los suelos, su prestigio y trayectoria de casi 73 años.

Ni en el club más modesto de barrio, se permitiría que un profesional rentado, tome la arbitraria representación por sobre el presidente, con los antecedentes nefastos, que tuvo como corolario, la desaparición de San José, otro grande del fútbol boliviano.

Cuando las obligaciones económicas de Wilstermann suben de tres millones a nueve, en muy poco tiempo, ya deberíamos entender que el problema no tiene solución.

El astuto, audaz, fanfarrón o aventurero, flamante presidente, para hacerse del cargo, ofreció aportar tres millones de dólares en dos partidas, ahora dice que puso medio millón y que este mes pondrá trescientos mil dólares, pero muy pocos le deben creer.

La Federación es la que brindó oxígeno al mandamás, con más de setecientos mil dólares, inclusive antes de formalizar su patética elección “democrática”.

Pasaron cuatro meses, del bluf, blof o blef, orquestado en el coliseo del colegio Alemán Santa María, pero el escenario en lugar de mejorar -como prometieron- empeora cada día.

Se postergan los pagos a jugadores que se fueron, suman cada día y mes, los sueldos a los jugadores de la actual plantilla.

Bianconi no hace los goles que prometió al ser contratado; Serginho, el gran jugador, se pelea hasta con su sombra, por todo y por nada, perjudicando más que ayudando al equipo.

Parece que solo un inversor extranjero, que sepa de la industria del fútbol o un empresario nacional de verdad, puede salvar a Wilstermann del alto riesgo de desaparición, agobiado por deudas que se deben pagar ineludiblemente.

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO

Periodista deportivo

[email protected]

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