Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 04 de diciembre de 2022
  • Actualizado 21:23

Es muy difícil ser ejemplo de algo o para alguien, cuando la actualidad del mundo está colmada de más sombras que luces y todo es más cuestionable que nunca; hasta la supuesta infalibilidad del Papa de los católicos, ya es cosa del pasado.

El poder del dinero, no importando de donde provenga, exacerba la soberbia humana, que permite que una verdad tenga opciones, de acuerdo a diferentes cristales, llámese intereses individuales o colectivos.

Es ideal influir positivamente, si es posible, sobre todo en los hijos, que lógicamente deben y tendrían que ser siempre mejores que los padres, pero…

En esta crisis o devaluación monumental de normas y valores, todo se complica y se convierte en casi una lucha permanente de sobrevivencia.

Sin embargo, la importancia de la familia sigue siendo fundamental, con cariño, respeto, lealtad, trabajo, bienestar, más allá de lo que ocurra fuera de los hogares y corazones, de los que elegimos vivir en paz y libertad.

Como parte de la vida y el mundo, no es bueno dar la espalda a lo que pasa en el barrio, el trabajo, la ciudad, el departamento y el país, porque las consecuencias, -como para el fumador pasivo- irremediablemente nos afectarán, tarde o temprano.

Hoy más que nunca, cuando las redes sociales facilitan que el ciudadano exprese libremente su opinión, lo haga con respeto, conociendo el tema, respetando ortografía, ejerciendo su derecho y, sobre todo, para que se note que se encuentra vivo.

Por increíble que parezca, en el pandemonio que vivimos todavía existen muchas cosas buenas, para resaltar y sentirnos orgullosos.

Renunciemos a la apatía, por comodidad o miedo, digamos algo, bueno o malo, pero ejerzamos la ciudadanía, para que no sigan atropellando los vividores de la política, que son todo, menos un ejemplo.

Comparemos y decidamos, cuándo elegimos, entre uno que bloquea, odia, divide, miente, delinque, amenaza, manda asesinar abusando de su poder; u otro que es buen servidor, construye, une, es buen padre, amigo, hijo, hermano, ama la vida, quiere el progreso, la naturaleza y los animales.

No nos acostumbremos y que nos parezca normal lo que observamos en los últimos años, con gobernantes que piensan que son dueños de Bolivia.

¡La otra mitad de bolivianos, también somos el pueblo!

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO

Periodista deportivo

[email protected]

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