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  • Diario Digital | miércoles, 20 de enero de 2021
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Crónica de una muerte inminente

Crónica de una muerte inminente

A nueve días de la muerte de Diego Armando Maradona Franco (60), que conmocionó al mundo futbolero, continúa siendo el tema principal para la mayoría de los medios de comunicación, especialmente en Argentina.

Para millones, Maradona es el mejor jugador de todos los tiempos, para otros racionales, forma parte de un selecto grupo de mega estrellas excepcionales de este deporte.

Ellos son Arantes Do Nascimento (Pelé, El Rey, Perla Negra); Messi (La pulga, El Mesías, D10s); Cristiano Ronaldo (CR7, D70s, Mister Champions); Cruyff (El tulipán de oro), Di Stefano (La saeta rubia); Puskas (El comandante); Ronaldo (El fenómeno); Zidane (Zizou), donde no puede faltar Ronaldinho (La alegría del fútbol, mago, dinhogol) y seguramente existen otros preferidos.

Lo cierto es que el apodado, Barrilete cósmico, Pelusa, Cebollita, Pibe de oro y hasta D10S, por sus fanáticos, fue un extraordinario futbolista que hizo felices y orgullosos a los argentinos, rindió a sus pies y maravilló con su talento en el planeta, que vieron y conocen sus hazañas en las canchas y los equipos donde jugó.

Impertinente mencionar en el trance de su muerte, sus imperfecciones humanas, características de todos, en mayor o menor grado, sobre todo en los que sufren la metamorfosis que provoca estragos en los personajes famosos que no consiguen racionalizar ni equilibrar la realidad o la fantasía y no se habitúan al paso o cambio inexorable del tiempo, que no perdona a nadie.

Maradona sucumbió a las luces y sombras, fue una víctima de su estrella; su maldita adicción lo atrapó a mitad de su vida y nunca lo soltó hasta el final, pese a sus varias resurrecciones.

Su leyenda trascenderá el tiempo y seguirán hablando por siempre de su ingenio futbolístico, pero también seguirán explotando y abusando de su fama, con hipocresía y doble moral de los que ahora buscan culpables de su muerte, cuando saben que era indomable y tenía un destino predeterminado.

El mensaje que objetiva y respetuosamente debemos extraer de la glorificación y tragedia, es que más allá del talento y la fama, es fundamental fomentar nuestra educación personal, para afrontar los vaivenes de la vida, la relación con la familia y los amigos, estimulando la conciencia de que todo es efímero.

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO 

Periodista deportivo

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