Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de febrero de 2023
  • Actualizado 12:34

Bolivia es cada departamento

Bolivia es cada departamento

Cierto que en Bolivia, todo pasa y no pasa nada, porque es mágica, bendita, invencible, a prueba de maldades y peligros inimaginables: tuvo demócratas, dictadores, iletrados, como el  cocalero que algunos creen que gobernó el país -pateando pelota-, cuando en realidad otros hicieron en su nombre lo que les daba la gana.

Bolivia, a tres años del bicentenario de su fundación, pese a todo se mantiene firme, incólume, mientras en el mundo, muchos países desaparecieron o cambiaron de nombre, como la Unión Soviética o Yugoslavia.

A momentos, descuajeringada por acción de bolivianos que sueñan con imponer un sistema que no entienden ni quieren sus propios seguidores, del trópico o El Alto, por ejemplo, que son más capitalistas que los llamados despectivamente “derechistas”.

El experimento socialista del siglo XXI que fue frenado en Chile, idea impuesta y cobrada bien, por soñadores europeos, impregnado de símbolos que propician la división y descontento, para utilizarla en beneficio político, llena de relatos falsos.

Según la Constitución, teñida con sangre, Bolivia tiene 36 naciones o etnias, entonces tendría 36 banderas, idiomas, culturas, etc. La realidad es que no pudo imponer ni la whipala, que fue inventada como emblema de la nación andina y de los aymara.

Bolivia es cada departamento y las 36 etnias en su mayoría de quechuas y aymaras, ocupan el territorio, siendo un país mestizo, donde grupos tienen su vigencia, como los afrobolivianos, chimanes, chiquitanos, guarayos, mojeños, yuracares, movimas, guaraníes y otros más pequeños.

Es un orgullo ser boliviano dentro las contradicciones y diversidad, que son evidentes, en menor o mayor magnitud, en todos los países del orbe.

Así como en Cochabamba o en La Paz, viven una mayoría de originarios de todas partes, Santa Cruz también es uno de los crisoles de la bolivianidad, pujante, progresista, inclusiva, abanderada.

El incordio cocalero, atrincherado en su región tropical, no pudo doblegar la fuerza indomable del pueblo, que grita al megalómano, que su tiempo terminó y que Bolivia no es su propiedad.

El oriente es el dique para evitar aventuras que nos conduzca al precipicio y Cochabamba el puente y articulador, para encauzar la unidad y desarrollo de cada rincón boliviano.

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO

Periodista deportivo

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