Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 01:04

Bolívar del City Football Group

Bolívar del City Football Group

La pasión existente por el fútbol en el orbe choca estrepitosamente contra el espíritu mercantil irrefrenable de este deporte mágico que, así sea por horas, se convierte en motivo de vida de muchas almas que bambolean entre el cielo y el infierno.

Creo que ya se entiende que el fútbol profesional es un negocio, bien o mal manejado, por gente mala o buena, que como cualquier mercader apela a todos los recursos, inclusive ilícitos, para conseguir su objetivo.

Bolívar, el club de más títulos en Bolivia, hace rato que vendió su alma al diablo, para consolidar una hegemonía peleada por muy pocos, e inclusive, la propaganda dice apuntar a codearse con los grandes de Sudamérica.

El club boliviano tiene un convenio con la poderosa sociedad de Emiratos Árabes City Football Group, que a principios de año anunció una inversión de más de 30 millones de dólares para la construcción de un moderno escenario deportivo.

El poderoso grupo -del que es socio Marcelo Claure, que desde 2008 maneja Bolívar a control remoto, con diversos resultados- también es dueño de clubes como Manchester City de Pep Guardiola y otros en países como Estados Unidos, Japón, China, India, Australia, España, Uruguay, Bélgica, Francia, etc.

Claure, además, es socio con el 35% del Girona Fútbol Club de la Segunda División española, de donde proviene Alex Granel que está jugando en el equipo paceño.

Bolívar no cumple con uno de los postulados del famoso grupo empresarial árabe, en cuanto a formar y promover talentos, porque generalmente recurre a jugadores de otros clubes,  perjudicando al equipo afectado y al elemento que casi siempre es desechado, como ocurrió con Erick Cano de Aurora y más jóvenes.

En la apología de Fernando Diez de Medina sobre Bolívar, escribe que viendo la combinación maravillosa de pases aéreos cortos y precisos, entre Alborta, Molina y Tapia, como pases de ballet, un fanático desde la tribuna gritó estremecido de fervor, “está jugando la academia” y el sobrenombre quedaría siempre.

La “academia” no se caracteriza por formar, más se la conoce por ubicar y quitar talentos de otros, que nada pueden hacer para retenerlos por dinero o preeminencia .

El tema es amplio; esta industria millonaria todavía no encuentra el mejor camino en Bolivia.

Mis circunstancias

MOISÉS REVOLLO 

Periodista deportivo

[email protected]

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