Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de mayo de 2021
  • Actualizado 08:01

El manto invisible de la violencia

El manto invisible de la violencia

Han pasado tres décadas desde la aprobación de la Convención de los Derechos de la Niñez, sin embargo, actualmente, hay aspectos que no han sido superados y continúan como parte de los imaginarios de nuestra sociedad. Si bien hay derechos que se ejecutan a cabalidad como el derecho a un nombre y apellido, existen derechos que no se los realiza, uno de ellos una educación amable.

El derecho a una vida libre de violencia, si bien padres, madres, abuelos, educadores, entre otros, lo conocemos de memoria, en el espacio privado aún se reproducen diferentes formas de violencia verbal y física como herramientas de coerción para corregir una conducta o “educar” a nuestros niños y niñas que se encuentran bajo nuestro cargo. 

La cuarentena que nos confinó al espacio familiar por un periodo largo de tiempo, en el último año, evidenció un incremento en las cifras de violencia intrafamiliar, muchos casos denunciados a la FELCV y muchos otros no denunciados legalmente, pero que fueron parte de las conversaciones cotidianas de niños, niñas y adultos. El argumento en la mayoría de los casos era la dificultad que tenían muchos padres, madres o tutores para poder lidiar con la educación escolar desde casa. Desde esta perspectiva deberíamos cuestionarnos cómo construir el respeto de la otredad desde el espacio privado.

Para ello, es importante reflexionar sobre los imaginarios sociales construidos en función a las relaciones de poder. Eso presupone repensar las conductas que los adultos asumimos frente a los niños y niñas dentro del hogar, en las escuelas y en las calles. Supone reconocer al otro en su condición de derechos. Estamos en el siglo XXI, la tecnología avanza, los imaginarios cambian y el respeto por el otro debería ser una prioridad para construir sociedades más justas y equitativas. 

Repensar las formas de educación que tenemos dentro del hogar y habituarlas a las nuevas sociedades que pretendemos construir, debería ser un punto de reflexión. Hemos vivido por décadas bajo un enfoque adultocentrista y es fácil escudarnos bajo esta mirada. Toca cambiar y repensar formas más creativas de educar a nuestros niños y niñas en el espacio privado a fin de lograr sociedades libres de violencia. El cambio comienza desde el hogar.

CONSTRUIR COMUNIDAD

MOIRA KAREN VERGARA VARGAS

Docente Comunicación Social UCB

[email protected]

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