Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 08:10

Con un Dios escondido nadie sabía

Con un Dios escondido nadie sabía

En “La Peregrinación”, segunda pieza de la obra musical “Navidad Nuestra” (Ariel Ramírez y Félix Luna, Argentina 1964. Versión interpretada por Mercedes Sosa en: https://www.youtube.com/watch?v=kJh4hPAkFzI ), encontramos este hondo verso que rememora añejas tradiciones teológicas y místicas del cristianismo, que hablan del “Dios escondido”, de su opacidad y ocultamiento.

Los versos de esta pieza musical parafrasean los relatos evangélicos de la infancia de Jesús de Nazaret, rodeándolos de una simbología y ambiente rural sudamericano. Las imágenes en la poesía de Luna recuperan magistralmente los elementos que los autores de los relatos evangélicos quisieron destacar de aquella persona, cuya singular historia compartían.

En efecto, “La Peregrinación” habla de una pareja de refugiados que caminan por pampas heladas, rodeados de cardos y ortigas. La prepotencia de un ciego poder les ha expulsado al desahucio. Sin cobijo, ni fonda, urgidos por un inminente parto, viven una dramática situación de desamparo. Buscan, aunque sea una tapera prestada para acoger al niño que nace.

Es en medio del anonimato de esa fragilidad humana, en medio de una extrema necesidad de cobijo y solidaridad, que se revela el amor y la ternura, el coraje y la lucha por salvar la vida.

Probablemente en este año 2020, con los crudos impactos de la pandemia, los convulsionados contextos sociales a la par de sórdidas disputas por el poder político, hemos vivido con mayor intensidad similares experiencias de desamparo, acecho de la muerte y urgencia de la humanidad y solidaridad más básicas, para salvaguardar ese tenue hilito que sostiene nuestra existencia social.

Más allá de la frivolidad con que las religiones y sus representantes suelen aparecer en momentos de crisis social, quisiéramos sugerir que esta Navidad 2020 se presente como invitación a recuperar la ternura, la solidaridad, la compasión más elemental que necesitamos para sostener la existencia humana. Algo así como esa urgente “memoria de las víctimas”, memoria respetuosamente guardada en el silencio del duelo y a la vez cargada de creatividad y determinación para poner a salvaguarda los derechos humanos, la utopía de una sociedad donde haya espacio digno para todos y un mundo todavía habitable.

UN POCO DE SAL

MIGUEL ÁNGEL MIRANDA H.

Filósofo y teólogo laico 

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