Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 17:40

De la imprudencia a la incultura

De la imprudencia a la incultura

Para comprender el comportamiento de los motoristas en la ciudad, solo es necesario detenerse en una intersección vial, especialmente donde no hay semáforos y observar detenidamente su desempeño.

Todos proceden similarmente. No importa si son hombres o mujeres, jóvenes o adultos, migrantes o citadinos, con automóviles económicos o de lujo, y de servicio público o privado. Actúan de manera incorrecta e intentan únicamente hacer prevalecer sus derechos, inadvirtiendo que todos otorgan la misma urgencia al desarrollo de sus desplazamientos.

En otros países, en el cruce de dos calles, ya sea una de baja velocidad con una de freeway, o ambas simples, el paso de los vehículos es alternado; pasa uno de una calle y luego el siguiente, de la otra calle. Esto no solo reduce el congestionamiento y el estrés, sino que también permite mayor cordialidad en la vida diaria de las ciudades.

En las nuestras, aquellos que conducen por una vía creen que son los únicos que tienen el privilegio de seguir circulando sin interrupción, acelerando para llegar a las esquinas y no limitar su opción a ser los primeros, relegando al que se encuentra transverso. En ocasiones, los vehículos a 100 metros de la intersección creen que el otro debe esperar.  Indudablemente, es sencillo ignorar los derechos de los demás, pero al mismo tiempo representa una amenaza para la seguridad física y la coexistencia pacífica de la comunidad.

Los pasos de cebra ignorados consciente o inconscientemente ponen en riesgo a los peatones, como si los conductores nunca llegarán a estar en una situación similar. Es inaceptable que prioricen los teléfonos celulares mientras manejan, poniendo en peligro su propia integridad y la de los demás.

Si los habitantes no son capaces de organizarse de manera colectiva y en beneficio de todos, demostrando educación, amabilidad y sentido común, se espera que las autoridades endurezcan la normativa mediante instructivos más efectivos (aunque no hay ninguno), sancionando punitivamente hasta internalizar en el imaginario colectivo que es mejor ser atento que ser grosero.

El progreso urbano no se limita a mejorar la infraestructura; los ciudadanos son la ciudad, y el mal comportamiento, la transición de la imprudencia a la incultura, refleja también el subdesarrollo mental presente.

CIUDAD SUSTENTABLE

Marko Quiroga BerazaÍn Ph.D.

Investigador CEPLAG – UMSS

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