Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 25 de septiembre de 2022
  • Actualizado 09:40

El vía crucis de los peatones

El vía crucis de los peatones

Es compleja la situación que viven los habitantes de una ciudad ajustada para el automóvil. Más aún en una cultura donde la educación vial, tanto para vehículos como para peatones es prácticamente inexistente. En un contexto urbano donde el conductor invisibiliza al peatón como si nunca pueda estar en esa condición. 

La estructura urbana mal adaptada solo para el uso del automóvil y para un flujo frecuente y sin esperas, destaca además en su reglamentación, calles destinadas para estacionamiento, libre o tarifado, restando su eficiencia. Así, la ciudad no está pensada para los niños, personas de la tercera edad, embarazadas, discapacitados, o cualquier otro humano que entre en competencia con el automóvil. 

Cochabamba con una población de 700 mil habitantes cuenta con 220 mil vehículos (más del 90% son particulares), y una relación de 300 automóviles cada 1000 habitantes. Se suma a esta cantidad la circulación por sus calles de líneas de trufis de Sacaba y Quillacollo, que congestionan la precaria vialidad y aportan en la contaminación del aire, cuyo aporte supera el 86%. 

Las autoridades no destinan inversión fiscal en infraestructura exclusiva para modos activos de transporte. El manejo desastroso para las bicirrutas no permitió ningún resultado positivo. El “corredor Quintanilla”, hoy detenido en el avance de las obras, no representará ninguna solución para amortiguar el colapso vial en la avenida Oquendo, en su tramo hacia la Recoleta, donde ya se distingue un nuevo sector caótico. 

Para el mejoramiento de este vía crucis es necesario repensar la planificación de la movilidad urbana, entendiendo que el uso de la ciudad es un derecho equitativo para todos los habitantes. Para ello, es necesario optimizar los medios y modos de transporte y rediseñar su vialidad. Es urgente contemplar el transporte masivo circulando por vías confinadas en franco desincentivo al uso del automóvil privado. 

Es necesario priorizar la caminata como modo de transporte universal, entendiendo que las necesidades de los peatones en su cotidiano desplazamiento tienen la misma importancia que los requerimientos de los automovilistas. Dentro de sus ventajas comparativas, la caminata permite un ahorro económico, aporta a la salud y permite mayor interacción con el resto de la sociedad, que exige que las calles, como el primer espacio público, tengan un diseño urbano eficiente para el peatón, estableciendo una ciudad para la gente.

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