Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 05:32

Distancias de la pandemia

Distancias de la pandemia

La COVID-19, crisis socioeconómica de escala global, ha transformado por completo la manera de compartir la ciudad. Por primera vez en esta generación, el mundo se ve conmovido por una enfermedad física y emocional que ha inducido a sus autoridades a plantear medidas radicales como las cuarentenas rígidas.

Esta medida de seguridad ha dejado entrever el verdadero comportamiento de la ciudad. Por un lado, el confort y habitabilidad para llevar adelante un largo confinamiento y, por otro, la exposición sin atributos urbanos que obliga a resistir el encierro. En estas condiciones, mantener la distancia “social” es impredecible, y solo queda optar por el contagio del virus o por el hambre, situación que se exterioriza en la inobservancia a los reglamentos exigidos desde las entidades gubernamentales.  

Este nuevo escenario, subyacente al fenómeno COVID-19, refleja al interior de nuestras ciudades una clara desigualdad en términos de distribución y funcionalidad, dejando manifiesta una crisis estructural, que provoca conflictos sociales y económicos emergentes de la propia condición de heterogeneidad.

La nueva normalidad exigirá convivir con el virus hasta que surja la vacuna; mientras, la capacidad de resiliencia de las ciudades debe permitir el combate a la crisis, reacondicionando el espacio urbano como parte de un rediseño que permita la distancia física para evitar seguir sumando enfermos.  

Distancia social no es lo mismo que la distancia física. La primera estaba presente antes de la crisis pandémica; la distancia de la inequidad social, la distancia en el acceso a recursos y oportunidades, a bienes públicos y a cualidades urbanas, al diálogo social, y muchas otras que acentúan la brecha social. La segunda es producto de la crisis, creada como aspecto de responsabilidad para combatir el contagio, y que para evitar mayores diferencias debería incluir una cercanía emocional, basada en la unidad de todos los habitantes para vivir la ciudad con ecuanimidad.

Es necesario entonces aprender a manejar y mejorar estas distancias con ética y eficiencia. El virus pasará, y con él las distancias físicas; pero quedará lo mencionado que está vigente mucho antes de la crisis. Si hoy la pandemia nos encuentra unidos podremos mejorar la incertidumbre de la complejidad actual y mirar con esperanza el futuro inmediato. 

MARKO QUIROGA B., Ph.D

Investigador CEPLAG - UMSS

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