Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 18 de mayo de 2021
  • Actualizado 19:58

No solo de pan vivimos

No solo de pan vivimos

La verdad es que no solo de pan vivimos, tenemos otras necesidades que no son tangibles, pero que de igual manera son esenciales para vivir. Es cierto que los primeros derechos que tenemos como seres humanos deben  cubrir la alimentación, el vestuario, la salud, el trabajo, la vivienda  y la educación, temas donde deberían apuntar las acciones de los gobiernos para solucionarlos. 

Las políticas en general, se dirigen a asegurar la satisfacción de las escaseces más urgentes de los seres de un territorio dado. Es muy común que se ofrezca mejorar la producción para la alimentación, que se ofrezca mejorar la salud y la educación, especialmente en situación de la COVID, a pesar de que el tema de  acceso a la educación ha sido brutalmente postergado por la COVID, acrecentándose de esta manera la brecha educativa en los niños y niñas. En general,  se ofrecen obras de infraestructura tanto para educación, para la salud, así como para caminos y otras obras estrella. 

En los últimos tiempos y viendo la violencia, ha entrado en la agenda pública planes para enfrentar la violencia contra las mujeres, pero las soluciones que se plantearon no disminuyen los casos y cada vez hay más feminicidios. 

Es muy raro que los gobiernos tengan políticas para  la disminución de las desigualdades y la discriminación, pero especialmente para superar los dolores y los  errores del sistema de justicia que es el que más daño produce. 

No se investigan las causas de la tristeza, de la depresión, de la soledad, de la pérdida de autoestima, de la inseguridad, o  de los conflictos cotidianos que atentan contra una vida en paz.  No hay indagación  para detectar los sufrimientos de las personas que están sometidas a opresiones, a explotaciones, a violencias o a la falta de solidaridad, no se investiga la soledad de muchas mujeres por el abandono y porque deben resolver solas todos los problemas de la familia. No tenemos datos de la magnitud de la soledad de nuestros abuelos y abuelas.   

Tampoco hay información de la angustia  que sufren las personas en las oficinas públicas cuando hacen trámites, por motivo del exceso de burocracia o por el permanente retraso de las gestiones, porque hay muchas personas mayores desesperadas que hasta lloran en las filas.

Cómo no identificar y hablar del padecimiento que generan los procesos judiciales onerosos y obscenos por tanta injusticia, porque este es un tema donde se cometen las mayores agresiones a los derechos humanos y no se hace nada para sancionar resoluciones injustas. Aquí no se aplica la Ley de participación y control social y tampoco la rendición de cuentas. 

Se puede afirmar que las mujeres se sienten excluidas al no tener  espacios públicos para relajarse o disfrutar de actividades deportivas o culturales, o las frustraciones de ver que toda la planificación y proyectos que ejecutan los gobiernos municipales las excluye, les quita la palabra, no están presentes sus necesidades, no están presentes sus propuestas y soluciones desde su visión.

Vivimos en una crisis de ética y de solidaridad.

Es muy urgente que estos temas sean enfrentados por personas sensibles de los gobiernos, temas que tienen que ver con que las y los habitantes vivan más felices  y con esperanzas de que otro mundo es posible y que haya ética en el poder y solidaridad en  la gente.

Entonces no solo de pan vivimos, necesitamos algo más para ser felices.

SENTIDO COMÚN

MARÍA ISABEL CAERO

Arquitecta

[email protected]

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