Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 20 de abril de 2021
  • Actualizado 19:52

Que sea un año de cambios

Que sea un año de cambios

Es una verdad clara que el 2020 fue un año oscuro, negativo, perdido, un año sin logros, con muchas incertidumbres. No pudimos compartir con las personas que queremos, nuestros planes se frustraron, no pudimos viajar, nos quedamos confinados en las cuatro paredes de nuestras casas y con miedo a que nos agredan, nos detengan por sedición o terrorismo, por el solo hecho de pensar diferente.

Nuestro país, el 2020, sufrió una crisis de salud como nunca antes y una crisis política que nos sorprendió por la violencia, la mentira y la agresión a los derechos humanos y a la libertad.

Por eso ahora esperamos que el año que viene sea mejor, que nuestra vida sea tranquila, que nuestra ciudad tenga mejor rumbo, que el país impulse el Vivir Bien para todos y todas.

En el tema de salud, nuevamente estamos con la amenaza del coronavirus que ahora ya sufrió mutaciones para que la población siga muriendo. Es cierto que ya hay vacunas y remedios en varios países del mundo, pero la mayoría está mediada por el mercantilismo, que significa que los pobres del mundo sigan muriendo, mientras que los otros tienen acceso a la tecnología de salud; que fueron desarrollados, no siempre por altruismo, más bien movidos por intereses de los poderosos.

Más allá de tener la esperanza que por los cambios políticos en el país, la situación de desigualdad se reduzca y tenga menos impactos negativos. En esta oportunidad me propongo analizar las prácticas y apelar a las conciencias de las personas, de las y los políticos y de las y los profesionales para construir un camino mejor.

En esta línea, un cambio fundamental a nivel de políticas públicas gubernamentales es que todos los planes, programas y proyectos estén motivados, principalmente, por las necesidades de la gente y en especial por las necesidades de las mujeres; su visión y sus demandas deben ser parte de las políticas, porque al no considerarlas caemos en la violencia y la discriminación que son golpes en la identidad y en los sentimientos de más del 50% de la población de todas las edades, de todos los niveles socio económicos, culturales, de toda la diversidad. Lo importante es la participación en las propuestas de políticas y de normativas y en el control social.

A nivel municipal debe haber un cambio en los imaginarios de los y las cochabambinas del “Roba pero hace” por el de “Trabaja sin corrupción”, debemos cambiar de “Obras que se ven”, por el de “obras y servicios que se usan”. No copiar de otras ciudades grandes avenidas y calles para el automóvil, y hacer ciclorutas y vías para las personas. No construir proyectos de cemento, para implementar bosques urbanos. Insistir para que todos y todas tengan agua potable por cañería como un derecho. Que se respete el patrimonio como la Bickenbach y no sea solo para la ganancia privada. Que la aprobación de planos no tenga trabas y se apruebe con la normativa. Que no se apruebe lo que está contra las normas, que eso no tiene precio sino principios.

Que los que trabajan en la Alcaldía no sean reyes chiquitos que hacen sufrir a la gente, que los guardias municipales no hagan llorar a las vendedoras.

La peor pandemia que tenemos es la corrupción, y la falta de valores y principios es la escoria que daña las entrañas mismas de la sociedad. Hago votos porque todas esas acciones nefastas se superen el año 2021, que sea un año de cambios para Vivir Bien y en paz.

SENTIDO COMÚN

MARÍA ISABEL CAERO

Arquitecta

[email protected]

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