Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 21 de enero de 2022
  • Actualizado 05:06

Otras pandemias persisten

Otras pandemias persisten

Cada año, en estos días, se suelen hacer predicciones que más se parecen a sueños o a deseos de un mundo mejor y de una sociedad mejor.

Pero vale la pena partir de aquello que más nos mortificó el 2021. Es verdad que la pandemia del COVID nos cambió la vida, ya no podemos abrazarnos y besarnos sin temores, ya no podemos compartir minutos de esperanza sin preocupaciones, ya no contaremos con la presencia de tantos parientes y amigas y amigos queridos que se fueron volando con esa influencia maldita.

Sin embargo, hay pandemias qué perviven y no solo la última que cambió la vida, son aquellas que impactan y nos sumen en el desaliento, en la penumbra.

Hablo de tres aspectos que destruyen: la persistencia de la violencia contra las mujeres, la imposibilidad de un cambio profundo en las políticas y la poca ética de las personas.

Y es que la violencia contra las mujeres es la peor plaga que sigue vigente en nuestros pueblos. Es la expresión más inhumana de una sociedad patriarcal que mata, que asesina y que somete a la incertidumbre y a la orfandad a sus seres queridos. Hay leyes, es cierto, pero  la resistencia de los operadores son más vigentes que antes, porque la rebeldía debe ser castigada como en la edad media, porque la violencia es otra forma de quema de brujas. La violencia contra las mujeres debe ser castigada como un crimen de lesa humanidad, porque mueren más mujeres que en las guerras y porque vivir sin violencia debe ser un derecho vital para todas las mujeres.

La imposibilidad de un cambio profundo en las políticas, significa  la más grande decepción de los pueblos, que  siente que a pesar de las propuestas y de los principios justos que plantearon para llegar al poder, son simples enunciados, porque la burocratización los convierte en simples administradores del estatu quo y nada cambia. 

Los administradores del Estado en sus tres niveles: Gobierno, gobernaciones, y gobiernos municipales no piensan que lo más importante es la reproducción y el mantenimiento de la vida. El tema de los cuidados no entra en su lógica de inversión, es más importante pensar en edificios, en carreteras y descuidar el cuidado de niños y niñas, de los viejos que aportaron a su país y de las personas que nacieron con alguna deficiencia o enfermedad. Cuidar la vida y la naturaleza debe ser el eje principal para estar más cerca de la gente.

Si bien es cierto que la ética debe ser el norte de la actuación de todos los seres humanos, ella se convierte en la inalcanzable señora a la que muy pocos llegan y la mantienen a lo largo de sus vidas. Y es que la transgreden desde el taxista que cobra más de lo establecido, pasando por la caserita que sube el precio de su producto para ganar más. Pero ni qué decir de los mandatarios que recibieron nuestro voto para gobernar, es allí donde hay más corrupción, es ahí donde se ve que se paga para acceder a un cargo y que cualquier trámite se nutre de irregularidades que afectan a los bolsillos de las y los ciudadanos, o los sobreprecios de los contratos y de las obras. 

La falta de ética y la corrupción es el mal que daña una convivencia pacífica y la construcción de un país nuevo y limpio. La ética debe ser uno de los principios más importantes, especialmente para los que ocupan el poder. La poca ética de las personas, especialmente de las autoridades, es el peor gusano del mal vivir. 

SENTIDO COMÚN

MARÍA ISABEL CAERO

Arquitecta

[email protected]

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