Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 23 de septiembre de 2021
  • Actualizado 11:38

Mujeres y agua en la ciudad

Mujeres y agua en la ciudad

Un sueño de cochabambinos y cochabambinas ha sido el tener agua permanente en los hogares y durante más 60 años se ha anhelado el proyecto Misicuni, en razón de que la falta de agua afecta a las familias en general y principalmente a las mujeres por los roles que cumplen. Es verdad que en la actualidad cuando el proyecto está concluido, algunos políticos se apropian de este logro a pesar de ser los promotores de la privatización de este elemento y de no haber cumplido con la construcción de tuberías para proporcionar  agua a la población mayoritaria del Sur. 

En este marco, nos preguntamos, ¿las mujeres tienen posibilidades de acceder de forma equitativa a la dotación de agua potable en la ciudad?

Este problema se refiere a que las mujeres atraviesan una serie de obstáculos para poder tener agua potable para uso cotidiano, para la realización de sus roles reproductivos que  a la larga garantiza  el disfrute de la familia.

Lo preocupante es comprobar que cuando se realizan procesos de planificación en este tema, muy rara vez se toman en cuenta las prioridades de las mujeres, lo común es que se planifique desde la visión de los hombres, planificadores técnicos y dirigentes, quienes no tienen compromiso con las tareas domésticas.

Una de las vocaciones históricas de las ciudades es dotar el servicio de agua potable para toda la población. Pero esta dotación primero se realiza en lugares donde la gente tiene mayores niveles económicos, por esta razón, las y los habitantes de zonas más pobres son las menos dotadas y en este marco son las mujeres las que sufren un mayor impacto con estas falencias, con más recarga de trabajo doméstico y de cuidados. 

Estas son las causas por las que se plantea la necesidad de incluir en el ámbito urbano la prioridad del servicio de agua potable desde la visión de las mujeres y de esta forma se superen los impactos negativos. 

La dotación de agua no va de la mano del crecimiento de las urbanizaciones, pues para desarrollarlas se requiere de mayores inversiones, es el caso de la zona sur de Cochabamba, que desde que se asentaron han sufrido  la falencia del líquido elemento.  Es verdad que la gente ha resuelto este problema de muchas formas creativas, tales como las cooperativas de agua, la dotación mediante  cisternas o que  las mujeres acarren agua de otros lugares, lo que incrementa sus horas de trabajo doméstico y de cuidados. Con la pandemia de la COVID y la necesidad de las medidas de seguridad, el contar con agua hoy es más indispensable que nunca y la falta y el costo de este servicio hacen que se agudicen las diferencias socio-espaciales en la ciudad.

Por otro lado, las autoridades de los gobiernos municipales priorizan obras  de infraestructura vial, y es común ver que realizan el pavimentado de vías sin instalaciones en el subsuelo de redes de agua, alcantarillado y gas. Por esta situación, cuando tienen que realizar estas instalaciones rompen el asfalto, lo que significa un costo adicional. Se puede afirmar que la dotación de agua potable representa mejorar la calidad de vida de la población y de las mujeres en especial.

La ciudad, indudablemente, debe ser un factor de distribución equitativa de servicios de agua potable, sin embargo, esta distribución es desigual entre los grupos sociales, familias y mujeres, porque responde, en primera instancia, a los criterios de acumulación del capital y no de justicia territorial.

SENTIDO COMÚN

MARÍA ISABEL CAERO

Arquitecta

[email protected]

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