Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 18 de septiembre de 2021
  • Actualizado 02:59

El enemigo principal

El enemigo principal
En esta búsqueda de la verdad y de las ansias de encontrar nuevos horizontes para vivir bien, en paz y con felicidad, descubrimos que hay muchos atentados a nuestras vidas que no nos dejan caminar con rumbos de esperanza, de alegría y de confianza en el futuro y en la gente que nos rodea.
Por ello, es bueno reflexionar y analizar quién o quiénes son los enemigos principales, quiénes ponen obstáculos y no dejan salir adelante, quiénes frenan el empuje hacia una alborada de luz, quiénes perjudican a la vida misma, a la reconstrucción de la comunidad, de la ciudad y de la patria.
A nivel personal, en relación al entorno más cercano, nos duele la hipocresía, la competencia malsana, la descalificación, la mentira, la falsedad de decir que se lucha por un mundo mejor y solo se tiene un afán de figuración o de acaparar cargos o reconocimientos, entonces estas personas actúan con odio y resentimientos hacia los demás, y es que no están contentos consigo mismos y por ello obran contra sus semejantes, cual si fueran opositores a quienes hay que hundir, menospreciar y pisar.
A nivel de la comunidad también hay competencias malsanas y los que quieren acaparar todo para sí, inducen a chismes y desvalorizaciones y no dejan que las y los otros vivan tranquilos.
Si hablamos de la ciudad, hay males que duran cien años: la deforestación, la contaminación atmosférica y acústica, los riesgos, los derrumbes, los deslizamientos, la sequía, los incendios, los malos olores, la basura, la falta de agua, de luz, de internet y de gas; los lugares oscuros, las calles llenas de huecos,  la destrucción sistemática de árboles, la falta de áreas verdes, el crecimiento horizontal que consume tierras agrícolas y la subida vertical de edificios sin control, que quita el sol y la visión a los colindantes, el consumo de productos procesados con químicos que hacen daño a la salud, la sensación de inseguridad  y la violencia en la calles y la violencia contra las mujeres tanto en el espacio público como en el privado;la ausencia de Centros de Cuidado, la no corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidado, la falta de empleo especialmente para  mujeres, las imposiciones corporativas, las desigualdades entre barrios y en los ingresos, las iras y peleas de enfrentarnos por nimiedades, en fin, el no ponernos de acuerdo por el bien común.
También en nuestro país existen acciones negativas que corroen las entrañas mismas de la democracia, del gobierno, de la libertad de la justicia y del respeto a los derechos. En nuestra historia se conocen traiciones, corrupciones, y la imposición y dominación de una pequeña élite letrada de “gente bien”, que no trabaja para todos y solo ambiciona los beneficios económicos y culturales para sí. Entonces esta es la causa de la pobreza y desigualdad, para las mayorías.
Así concluimos que el enemigo principal está encaramado en nuestra sociedad con la civilización occidental, capitalista, patriarcal y neoliberal, que niega los valores propios a través de la máscara blanca del colonizador.
Se requiere de un cambio profundo en los valores, tanto personales como sociales, se necesita tener principios, ética, solidaridad y complementariedad y, principalmente, decidir que todos nuestros actos se guíen por el amor al compañero o a la compañera, a la comunidad, a nuestra ciudad y a nuestro país.

MARÍA ISABEL CAERO
Arquitecta
[email protected]

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