Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 27 de enero de 2022
  • Actualizado 10:46

Los desencantos de la ciudad

Los desencantos de la ciudad

Cochabamba, otrora la ciudad jardín, otrora la ciudad verde, con hermosos árboles y bellos jardines, poco a poco se convierte en una selva de cemento donde la vida es cada vez más difícil y más dura.

Y es que el caminar por las calles es hoy un tortuoso camino, pues de pronto nos encontramos con aceras desniveladas, o porque al gobierno municipal se le ocurrió cambiar las aceras del casco urbano central, tal vez porque es necesario mostrar obras de la gestión y se lo hace en la zona de mayor tránsito. Sin embargo, se sabe que el arreglo de las aceras es responsabilidad de cada propietario de vivienda y nos preguntamos si está  inscrito en el POA, en fin es un tema de fiscalización.

Pero también el caminar por las calles crea otro tipo de agresiones para las personas, es la tensión nerviosa producto de los congestionamientos de carros que desprenden gases contaminantes especialmente los más antiguos o los que no realizan ningún control técnico para evitar esos gases, porque muchos de ellos tienen más de 30 años. También los ruidos que producen las motos, turba los oídos y la estabilidad emocional.

Y es que el tema de la contaminación atmosférica es uno de los peores males que tiene nuestra ciudad. Por ello es necesario enfrentar este problema con prioridad, porque destruye los pulmones   de la gente. Y si decimos que amamos esta Llajta, para ser consecuentes se debe cuidar la vida de todos y todas, porque por el contrario será pura demagogia.

Otra de las razones que entristecen nuestro vivir es la inseguridad en las calles por los atracos y asaltos, y los acosos sexuales a las niñas y mujeres que tienen todo el derecho de vivir en una ciudad “segura”. Muchos de estos actos se realizan a causa de la poca iluminación en las calles o por falta de gendarmes que eviten precisamente estos actos.

Caminar por las calles es muy sofocante, no hay sombra, no hay árboles y el calor del asfalto y el cemento asfixia porque no permite respirar.

En el GAMC hay una Unidad o instancia de “Defensa del Consumidor e Inocuidad Alimentaria”, que tiene la obligación de garantizar una alimentación saludable para la población, pero más allá de las buenas intenciones, comemos pan con exceso de bromato, hay venta libre de productos con químicos nocivos para la salud  y gaseosas con gran cantidad de azúcares y conservantes, la leche ya no es leche solo un químico con saborizantes.

Y las vendedoras, la mayoría mujeres, establecen su lugar de venta en las calles, porque no hay suficientes mercados,  y porque el poder acceder a un puesto legal está mediado por trámites engorrosos y coimas. Pero lo más grave es que el puesto de verduras y frutas  está al ras del suelo y puede contener elementos nocivos. Es cierto que perjudican a la circulación peatonal, pero lo que nos sorprende es que tienen al lado a sus niños porque no hay centros infantiles que los acojan y los cuiden.

La calle ya no es nuestra, es principalmente para el automóvil, a eso responden los proyectos del municipio. Caminar por ella ya no es un disfrute del bello clima, salir a la calle es luchar contra todos estos males.

Nuestra ciudad perdió sus encantos y si no solucionamos estos graves problemas entre muchos otros, se convertirá en un lugar donde sobrevivir sea una lucha constante contra todo tipo de agresiones. Entonces decimos “estamos desencantados de la otrora bella ciudad”.

SENTIDO COMÚN 

MARÍA ISABEL CAERO

Arquitecta

[email protected]

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