Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 23 de enero de 2021
  • Actualizado 21:44

Cuidades obsenas

Cuidades obsenas

Siguiendo a la arquitecta feminista argentina Ana Falu, me animé a poner el título de Ciudades obsenas a este artículo, para hablar de las desigualdades que existen en las urbes.
Empiezo a decir que las desigualdades en la ciudad, desde la mirada y análisis de género, tiene un fundamento y contenido patriarcal colonial y capitalista, de esta forma afirmamos que las ciudades albergan a las personas de diferente manera, de acuerdo al género, a la riqueza o a la pobreza.
Parte del enfoque de las políticas de los técnicos y de las autoridades, que tienen como objetivo prioritario la acumulación del capital, y no así el principio del cuidado de la vida y la equidad e igualdad para las personas que habitan la ciudad.
La expresión de las desigualdades capitalistas socio espaciales se expresan primordialmente en la existencia de barrios que tienen todos los servicios y un medio ambiente menos contaminado, con áreas verdes suficientes para cumplir las recomendaciones internacionales, y otros donde la falta de servicios básicos como el agua y el alcantarillado, derecho humano irrenunciable, es obseno así como ausencia de verdes y árboles con altos niveles de contaminación en el aire.  La diferencia también se expresa en que los habitantes del Norte de nuestra ciudad tienen una vida tranquila y con menos posibilidades de asaltos y violencias. Por ello, afirmamos que las ciudades capitalistas generan grandes divergencias entre ricos y pobres.
Pero las desigualdades para las mujeres son peores, empezando por decir que no hay ciudades seguras para ellas, porque aparte de sufrir violencia en las casas, en la ciudad de igual forma reciben acoso callejero y otras acciones violentas, en las calles, en los espacios públicos y en el transporte.  El transporte aparte de ser un espacio de inseguridad, no satisface las necesidades de movilización de las mujeres, porque el cumplimiento de sus roles las lleva a realizar movimientos diversos que les obliga a usar diferentes líneas. De la misma forma, las movilidades pequeñas no son aptas para que viajen cómodas con hijos y bultos. El acceso a la vivienda y a los servicios básicos es un proceso tortuoso, no solo para la gente pobre, peor aún para las mujeres que son las más pobres de los pobres y que en un porcentaje elevado (26%) son mujeres jefas de hogar. En el tema de la vivienda son víctimas de especuladores de la tierra por la falta de políticas que faciliten su acceso o planes de vivienda social y colectiva que genere comunidad, reciprocidad y solidaridad, acciones típicas de las mujeres.
En los últimos tiempos se habla mucho del derecho a la ciudad como una categoría técnica y política, orientada a incluir en la planificación y en la ejecución de políticas públicas municipales el tema de la inclusión y la disminución de brechas urbanas entre pobres y ricos, y entre mujeres y hombres. Para ello se ha empezado a considerar la división sexual del trabajo, donde las mujeres cumplen doble rol, en los cuidados y en el trabajo doméstico (trabajo no remunerado) y en el trabajo remunerado. También se toma en cuenta la diferencia del uso del espacio y el tiempo por parte de hombres y mujeres, la doble jornada y especialmente el tema de la violencia, lo que permitirá reducir esas brechas de obsenidad y las injusticias territoriales. Así, las mujeres, los hombres y, especialmente, los niños y niñas podrán vivir dignamente en la ciudad.


MARÍA ISABEL CAERO
Arquitecta
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