Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 17 de octubre de 2021
  • Actualizado 20:30

El alimento nuestro de cada día

El alimento nuestro de cada día

Una de las necesidades más importantes del ser humano es la alimentación, sin ella no se puede subsistir. En Cochabamba, tierra muy fértil, en épocas pasadas se disfrutaba de productos variados y naturales, sanos frescos y limpios, con sabores que eran la atracción de los que no vivían en ella. Sin embargo, con el tiempo, muchas áreas productivas han sido invadidas y avasalladas por el crecimiento urbano, generando un desequilibrio en el abastecimiento, pero también la poca ganancia y el costo elevado de la producción que tienen los y las campesinas las ha expulsado de sus tierras para asentarse en o cerca de la ciudad, donde lo hacen en condiciones precarias y de pobreza. 

En la actualidad y por falta de apoyo de parte de las autoridades de turno a la producción campesina y para  la priorización del abastecimiento de alimentos limpios y ecológicos para la población de la ciudad, han permitido el ingreso de provisiones de contrabando y de productos transformados como los enlatados de dudosa composición.

En la ciudad han cambiado los hábitos alimenticios, no solo por la ausencia de productos sanos sino porque la propaganda crea adicción a productos nada buenos para la salud. De esta manera, los y las habitantes consumen generalmente comida chatarra y no tienen la costumbre de analizar y leer el contenido de los alimentos enlatados  y solo se dejan influir por la propaganda de los medios que muchas veces son mentirosos, ya que a los empresarios productores de alimentos transformados les interesa vender y no garantizar inocuidad alimentaria para la gente.

Muchas y muchos naturistas insisten que la buena salud depende básicamente de una buena alimentación, que debe ser  sana y responsable y que las enfermedades más comunes en nuestro medio provienen básicamente de productos con fumigaciones de químicos peligrosos, con aditivos malignos o con exceso de azúcares y grasas.

Existe una corriente que propone lograr una alimentación responsable y sana, es decir, apta para la prevención de enfermedades y respetuosa con el medio ambiente.

En nuestro país, la CPE defiende los derechos de los y las consumidoras y de las y los usuarios. Lo mismo sucede con la Ley 473 y su reglamento que garantiza también “el derecho a la información suficiente y veraz sobre los bienes y servicios que se encuentran a su disposición en el mercado, derecho a recibir un producto o servicio apropiado y adecuado, derecho a la protección contra métodos comerciales abusivos, entre otros. 

 Por otro lado, extraña que hasta ahora  las y los consumidores del municipio no tengan un instrumento de participación social que cuide el bienestar y alimentación adecuada de la población, una organización de defensa, un colectivo que tenga la capacidad de denunciar las irregularidades alimenticias  para mejorar la vida de  hombres y mujeres y que contribuyan a una vida saludable. El consumo debe ser la nueva esfera donde se ejerce ciudadanía, ya que el derecho de la y del  consumidor es el conjunto de normas destinadas a la protección del usuario en el mercado.

Es este el motivo de la necesidad de crear un colectivo de Defensa de los y las consumidoras que sea reconocido mediante una personaría jurídica y pueda realizar denuncias contra los atropellos de los proveedores y exigir que la instancia de Defensa del consumidor y de inocuidad alimentaria del gobierno municipal cumpla sus funciones para garantizar la vida plena de la ciudadanía.

SENTIDO COMÚN

MARÍA ISABEL CAERO

Arquitecta

[email protected]

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