Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 12:27

Viejo, mi querido viejo…

Viejo, mi querido viejo…

Sugieren que la vejez es menos árida en individuos que amaron y se sintieron amados. Curiosamente, el equilibrio afectivo de las personas de edad depende sobre todo de sus relaciones con sus hijos, las que a veces suelen ser difíciles porque el padre pasa por una fase de “sentimiento edípico inverso”; en tal sentido, debe reconstruir sus relaciones con el hijo y según logre hacerlo armoniosamente, podrá revertir aquel sentimiento ambivalente por el que está atravesando. Asimismo, la relación de los viejos entre sí es ambigua, porque entre ellos se complacen en la medida en que comparten recuerdos y una mentalidad semejante. Ellos no se ven viejos, aunque otros los vean y miran a sus amigos con signos de senilidad y eso los irrita.
La inquietud sobre el tema surge cuando nos preguntamos cuánto conocemos a los viejos. Las noticias últimas señalan que en los asilos están muriendo por el COVID y solicitan piadosamente apoyo para cubrir necesidades mínimas de sobrevivencia y posterior entierro. ¿Estas personas tienen familia? ¿O para ellos será un descanso fallecer?
Recuerdo un trabajo de campo que realicé en asilos y lugares donde se reúnen los ancianos. Mi trabajo se llamó “Vivir diferentes vejeces”. En el ensayo (entre otras cosas) sugiero que existen diferentes realidades que vive el viejo o adulto mayor que se puede categorizar en diferentes esferas, pues algunos tienen oportunidades, familia, cariño; otros son los intelectuales que en definitiva nunca se sienten jubilados. Otros esperan sencillamente la muerte y otros viven en tal pobreza que no tienen recursos ni siquiera para comprarse lentes, pero nadie, nadie se escapa del determinismo de la edad que es proclive a la exclusión social, política y económica de la sociedad. Para la antropología, está claro que las sociedades occidentales son adultocéntricas y, por tal motivo, los niños y los viejos están fuera de todo contexto, es así que cuando las papas se queman estamos en situación de desventaja frente a la realidad.
Al respecto, para abordar el tema de la vejez es importante tomar en cuenta el trabajo de Simone de Beauvoir (la del Segundo Sexo). En su libro “La Vejez” se encuentran varios abordajes, a partir de situaciones cotidianas en diferentes estratos sociales. Propone abordar la temática mediante testimonios y reponer la palabra viejo, donde el viejo no tiene que representar la historia, sino… ¡convertirse en un ser del que se escriba la historia!
El problema surge cuando nos cuestionamos ¿En qué medida la edad contribuye a la conformación de las identidades colectivas? Lo triste es que estamos tan absortos en temas coyunturales y peleas por las redes sociales, que la vida está pasando tan de prisa que perdemos espacio frente al tiempo. Estamos tan absortos en la tecnología sin damos cuenta que a la vuelta de la esquina está el peligro o el nunca más.
Y recupero las palabras de Beauvoir “La sociedad sólo se preocupa del individuo en la medida en que produce. Los jóvenes lo saben. Su ansiedad en el momento que abordan la vida social es simétrica a la angustia de los viejos en el momento en que quedan excluidos”. Lamentablemente, cuando comprendemos cuál es la condición de los viejos, ya no es posible reclamar una política de vejez más humana.


MARÍA ESTHER MERCADO H.
Antropóloga y docente universitaria
[email protected]